¿Y las mujeres, tenemos seguridad alimentaria nutricional?

Paola Cano | Para no extinguirnos / SOBERANÍA ALIMENTARIA

Hace unas semanas estuve en los municipios de la cuenca del lago de Atitlán, donde compartí con muchas mujeres que trabajan en turismo o en elaboración de tejidos, comercialización de artesanías, preparación de comida típica deliciosa, producción de cultivos y en los trabajos domésticos de sus hogares.

En esta diversidad de trabajo para subsistencia, me pregunté, ¿las mujeres realmente gozamos de seguridad alimentaria nutricional (SAN)?

En Guatemala, hace 13 años se aprobó el decreto 32-2005, en el que se reconoce la SAN como el derecho que tenemos todas las personas a tener acceso a una alimentación adecuada en cantidad y calidad, con pertinencia cultural y de origen nacional, así como una adecuada salud que garantice el aprovechamiento biológico de los alimentos consumidos [1].

Sin embargo, al observar los indicadores nacionales, es claro que la inseguridad alimentaria nutricional afecta más a mujeres que a hombres, ya que la inequidad de género ha limitado la educación, empleo digno, salud y todas las condiciones básicas relacionadas con la SAN.

El 26 % de las mujeres son analfabetas, principalmente las mujeres indígenas (42.4 %) comparado con el 15.2 % de hombres analfabetos [2].

8 de cada 10 hombres forman parte de la población económicamente activa (PEA), mientras que solo 4 mujeres de cada 10 [3], además de ello, el salario promedio de las mujeres continúa siendo inferior que el de los hombres.

El 80 % de las mujeres indígenas trabajan en la agricultura para producción de granos básicos, hortalizas y crianza de animales, sin embargo, solo el 6.5 % son propietarias de tierras [4].

En el 2016 se registraron 324 muertes por embarazo, parto y puerperio [5], sin dejar de mencionar la desnutrición de tantas niñas y adolescentes entre 10 a 17 años embarazadas, producto de violaciones en más de 80 % de los casos.

El 24.2 % de las mujeres embarazadas presentan anemia [6], sin embargo el 43.7 % de mujeres embarazadas únicamente recibieron el tratamiento de hierro del MSPAS durante 2 meses, tiempo que no garantiza la prevención de anemia.

La estatura promedio de las mujeres es 1.49 metros, siendo las más bajas de Latinoamérica y del mundo, mientras que los hombres miden 1.63 y no son los más bajos. La estatura indica desnutrición crónica e inequidad, ya que en 100 años las mujeres solo crecieron 9 centímetros, mientras en Corea las mujeres crecieron 20 centímetros [7].

El Gobierno actual está desarrollando la Estrategia de prevención de la desnutrición crónica 2016-2020, que visibiliza 1 515 530 de mujeres embarazadas y lactantes como parte de la población objetivo.

En resumen, esta propuesta ofrece nutrición materna óptima durante el embarazo, así como transferencias monetarias condicionadas junto a proyectos productivos. Sin embargo, al revisar el informe de labores del 2016 de la SESAN, identifiqué en su mayoría acciones de coordinación, visibilización, organización institucional y únicamente dos acciones directas para mujeres:

  1. Sensibilización de 100 mujeres lideresas en materia de SAN y prevención de desnutrición crónica.

  2. Entrega de 240 199 raciones de alimentos a un costo de Q 455.91 por ración; un costo elevado comparado con las 434 559 raciones que entregó la cooperación internacional a Q 352.74 por ración. Estas raciones cubrieron menos de la mitad de la población objetivo.

En el 2016 se ejecutó el 74 % del presupuesto vigente (Q 4 440 229 978), mientras que en el 2017 se ejecutó el 77 % de un presupuesto menor (Q 3 628 475 326) y solo el 5.5 % del presupuesto se reporta para acciones dirigidas a mujeres, las cuales no son nada novedosas, pues son las habituales del MSPAS.

Memoria de labores de la SESAN del segundo año de Gobierno 2017-2018 cuadros 5 y 8.

Me gustaría compartir la cobertura alcanzada de suplementación con micronutrientes que se menciona en la tabl, pero parece que la información es tan secreta en el MSPAS que no lo encontré por ningún rincón de la página virtual y varias opciones de la SESAN requieren claves de acceso para ingresar.

Además de lo anterior, el VISAN entregó 414 961 raciones de alimentos y en transferencias condicionadas se asignó inicialmente Q620 285 pero no se ejecutó.

Comprendo que las Instituciones deben invertir en funcionamiento administrativo técnico y visibilidad, pero jamás lograremos emerger con un 5 % en acciones directas y tampoco podemos esperar un año para que cada Gobierno empiece a levantar el vuelo. Nunca avanzaremos si las acciones están enfocadas en emergencias alimentarias que no cubren ni la mitad de la población objetivo, ni abordan las causas estructurales del problema, lo cual indica que en la realidad el Estado no garantiza el derecho a la SAN de las mujeres, pero sí pretende imponer una ley que aumente la condena por aborto.

Cuando leo la Política SAN y su Estrategia o el PEO 2008-2023 para las mujeres, afirmo que tenemos buenos y buenas profesionales para plantear y diseñar políticas tan certeras, así como tenemos una sociedad civil participante de los procesos de validación. Sin embargo, en la práctica, los hermosos documentos se convierten en utopías, porque sucumbimos ante un Estado con una ideología neoliberal y patriarcal que no le importa el desarrollo de la población y menos de las mujeres.

Todo esto me hace recordar que en Sololá conocí a dos mujeres concejales del municipio de San Marcos la Laguna y ellas me inspiraron a pensar que necesitamos más mujeres a favor de nuestros derechos, participando, no solo en cargos técnicos, también en cargos políticos para transformar nuestra realidad.

Necesitamos hombres que comprendan que si avanzamos nosotras, avanza toda la población, y debemos avanzar con más fuerza y constancia. Pero, sobre todo, debemos dejar de votar por gobiernos al servicio de las oligarquías empresariales y militares que nos mantienen subsumidas en esta situación.

[1] Política Nacional de Seguridad alimentaria nutricional, decreto 32-2005, pág. 11.
[2] Encuesta Nacional de Condiciones de Vida ENCOVI, (INE: 2014).
[3] Encuesta Nacional de Empleo e Ingresos ENEI, (INE: 2014).
[4] Tierra, género y derechos económicos sociales y culturales en Guatemala. Velasquez, Irma Alicia (FIAN 2005).
[5] Informe anual circunstanciado situación de los derechos humanos 2016.
[6] ENSMI, pág. 336.
[7] El País.

Paola Cano

Nutricionista, con una Maestría en Ciencias Sociales, feminista y en permanente dedicación a la investigación en el tema alimentario nutricional con un pesamiento crítico. Viajera amante de la fotografía y la comida típica que guarda la cultura de los pueblos.

Soberanía alimentaria

2 Commentarios

Dolores Arias 06/09/2018

Muy buen artículo! Me hace pensar que algunos parámetros de evaluación de la SAN son cuestionables pues por ejemplo la cobertura de suplementación con hierro y ácido fólico se califica según las entregas a las mujeres no evalua el uso de dichos suplementos o las raciones de alimentos sólo se registra a quien se las entregan… no quien es el consumidor final.

Judith 05/09/2018

Que interesante artículo. Felicitaciones! Todo lo que dice es muy cierto

Dejar un comentario