Violencia política de género, 2019

Mirna Ramírez Pérez | Política y sociedad / HETAIRAS

Finalizado el proceso electoral guatemalteco que ha dejado un olor apestoso en el país, producto de la amalgama de los intereses tan asquerosos de los sectores tradicionales y los sectores emergentes, aliados para esquilmar al país hasta dejarlo en el fondo del abismo, procurando que la intervención del norte sea más fácil para que se apropien sin ningún obstáculo de la mano de obra barata y de las materias primas de este empobrecido país, se hace necesario revisar el trato dado a las mujeres que participaron en la contienda.

Dos candidatas lograron estar inscritas para competir por la Presidencia de la República, una con trayectoria pública partidaria y la otra con trayectoria de liderazgo en el campo. Pero, ¿cuál fue el trato que recibieron de los y las votantes?

A Thelma Cabrera, que logró colocarse en el cuarto lugar de la preferencia electoral, alcanzando más de cuatrocientos mil votos, la descalificación de los sectores poderosos no se hizo esperar. La noche en que inició el conteo de los votos y conforme estos iban sumándose, el representante de la Cámara del Agro manifestó sorpresa y miedo, ese miedo que la oligarquía y los poderosos de este país le han tenido siempre al levantamiento de los de abajo. En las redes se manifestó, hacia la señora Cabrera, el racismo puro y duro, además de señalamientos por su escolaridad y su origen humilde.

A Sandra Torres, que logró más de un millón de votos, posicionándose en el primer lugar de la primera vuelta electoral, la descalificación y el odio impulsado por los invisibles hilos del poder real llenaron las redes de mensajes aberrantes, los cuales siguieron durante la campaña para la segunda vuelta. El rechazo que el sector poderoso –ese que mueve los hilos de la democracia en este país– logró colocar en el imaginario de la población, fue vital para que no alcanzara los votos que podrían haberla convertido en la primera presidenta de Guatemala. Las calificaciones de indeseable, corrupta, abusiva, prepotente, guerrillera, comunista que nos llevaría a convertirnos en un símil de Venezuela o Nicaragua, entre otras, se instalaron en el pensamiento de una gran mayoría de la población y, llegado el día de las votaciones, la sepultaron como política. No se trata aquí de defender a la señora Torres, la idea es manifestar que la violencia política hacia las mujeres es brutal, asquerosa, de muerte.

Lo que deseo resaltar en estas líneas, es esa violencia política manifiesta en contra de las candidatas mujeres, esa saña contra ellas, esa descalificación que tiene que ver con su ser mujer; independientemente del actuar de cada una, es por ser mujeres que se les ataca, se les señala, se les ridiculiza. El liderazgo y los aciertos de cada una, porque los tienen, no interesan, no se valoran, hay que atacarlas por ser mujeres, porque en este sistema patriarcal, machista y cada vez más vuelto a los fundamentalismos religiosos, las mujeres «debemos estar» cuidando a la familia, a los hijos, a las personas adultas mayores. Pero no debemos atrevernos a participar como candidatas, eso es intolerable y se manifiesta en esos ataques mediáticos que, vía las redes sociales y los medios de comunicación serviles a los poderosos, coartan la participación política y destruyen la vida política de las mujeres.

Es terrible seguir leyendo tanto mensaje de odio contra Sandra Torres, es aberrante que la gran mayoría que se manifiesta, profese algún tipo de religión y que bendigan, en nombre de su dios, el haber librado a Guatemala de esa «tal por cual» y agradecerle haber elegido como su presidente al «menos peor». Es triste comprobar que la cultura política ha desaparecido, que debido a un sistema educativo cada vez más empobrecido en contenidos y que no permite el acceso de las mayorías, la capacidad de discernir se ha quedado sin desarrollar y que, cual zombis, cada cuatro años la población guatemalteca profundiza el agujero donde se entierran los ideales por cambiar este sistema desquiciante.

La participación política de las mujeres será cuestionada, atacada y deslegitimada, en tanto no procuremos cambiar la cultura política de la población, es una tarea ardua y un reto enorme, pero es allí donde está la esperanza.


Imagen principal tomada de Milenio.

Mirna Ramírez Pérez

Mujer, feminista, defensora de los derechos de las mujeres, tomo la palabra para denunciar este sistema opresor, patriarcal, racista, discriminatorio. Le apuesto a encontrar, de a poquitos, los resquicios para destruir ese sistema y construir el que posibilite la inclusión de todas y todos.

Hetairas

Correo: mirapez56@gmail.com

2 Commentarios

Dana 18/08/2019

Pues… Lo mismo se hizo con Jimmy, Otto Pérez y demás personajes deplorables. Esa insistencia de confundir violencia de género con otros factores, desestima y estorba la verdadera lucha de la inclusión de género.

Judy Abadía 17/08/2019

Mis respetos mi querida Mirna Ramírez, eres única!

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