Un disparo a la oscuridad

Edgar Florencio Montúfar Noriega | Política y sociedad / IDEAS AL AGUA

A partir del 16 de marzo se suspendieron las clases a nivel nacional en Guatemala. Más de cuatro millones de estudiantes dejaron de asistir a los centros educativos. Durante las primeras semanas se esperaba que el retorno a las clases se diera después de Semana Santa. El incremento en decenas de casos cada día hacía que se restringieran las libertades a la población de Guatemala de manera alarmante, lo que confirmó que después de Semana Santa el retorno no se daría.

La población estudiantil asistió alrededor de 45 días a las aulas. Esto equivale a un 25 % de los 180 días de clases que se tienen estipulados. El 75 % del tiempo de aprendizaje en el aula no se dio, y en su lugar se impulsaron programas centralizados a distancia, pero también existen esfuerzos de docentes por mantener la comunicación con su estudiantado para continuar con actividades de aprendizaje.

Es importante conocer las acciones de los docentes; los resultados de los esfuerzos centralizados de educación a distancia; determinar cuánto aprendieron, o dejaron de aprender, los estudiantes durante la suspensión de clases presenciales; cuanto afectó el COVID-19 a la comunidad educativa de cada centro educativo o cuántos estudiantes quedaron excluidos de la educación. Cada uno de estos aspectos, y otros, darían un panorama más claro de la realidad educativa para Guatemala en el contexto de la pandemia. También permitirían orientar mejor las acciones y ejecutar mejor el gasto en educación a corto y mediano plazo.

Que las autoridades tomen decisiones sin información en relación a educación, es como disparar en la oscuridad.


Edgar Florencio Montúfar Noriega

Hijo, padre, esposo, hermano, sociólogo y pecador creyente que vuelve a pecar

Ideas al agua

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