Reunión cumbre del Grupo de los veinte en Japón

gAZeta | INFORMES gAZeta

Ha terminado la reunión cumbre del llamado G20, esta vez en la ciudad japonesa de Osaka, que reunió entre el 27 al 29 de junio a las 20 economías mayores del mundo, incluyendo a las llamadas emergentes, como Brasil o India. El secretario general de la ONU, el portugués Guterres, fue también invitado.

El G20 es la arena mundial más importante para la discusión de las cuestiones más relevantes de la economía en el mundo, además de ser un espacio para el debate de políticas conjuntas, acuerdos y deliberación de problemáticas relacionadas con la producción mundial de bienes y servicios, comercio, clima, etcétera. Se trata del 66 % de la población mundial y el 85 % del producto bruto mundial. Son los países industrializados representados por las tradicionales potencias económicas, militares y políticas, encabezando la lista Estados Unidos, Rusia, Alemania, Francia, Inglaterra, Italia, Canadá, Australia y una representación conjunta de la Unión Europea. De parte de Asia están Turquía, Corea del Sur, China, Japón, Indonesia e India. Por África solamente Suráfrica, y Arabia Saudita por los países árabes. Solamente tres países latinoamericanos participan Brasil, México y Argentina.

Se caracteriza esta reunión cumbre por la asistencia de los jefes de Estado y el equipo de finanzas y economía que incluye ministros y altos funcionarios. El G20 posibilita el encuentro directo de los mandatarios de las potencias mundiales, lo que permite discusiones bilaterales que pueden redundar en la solución de conflictos comerciales, por ejemplo la reunión del presidente Trump con el jefe de Estado chino Xi Jinping o reuniones de Trump con Putin, del presidente turco Erdogan con la Unión Europea, etcétera. Sin embargo, el G20 no tiene un carácter de vinculación, es más bien un espacio de deliberación y cabildeo, aunque sean vinculantes los posibles acuerdos bilaterales que se puedan alcanzar. Del mismo modo, las resoluciones generales tomadas se convierten en directrices para los países miembros.

El G20 incluye también la participación en el foro de 14 organizaciones internacionales o regionales que se consideran socias y que participan en las discusiones, aunque sin derecho a voto o participación directa en los acuerdos. En este sentido, es el G20 una instancia de los países poderosos y de las economías que se les acercan en crecimiento.

Tres grandes cuestiones, entre muchas otras subordinadas, ocuparon el tiempo y las energías de los participantes:

  1. La guerra comercial entre Estados Unidos y China

  2. Clima y medio ambiente

  3. Sanciones de Estados Unidos a Irán

Respecto al infectado enfrentamiento comercial entre chinos y norteamericanos, que se manifiesta principalmente con el uso de medidas arancelarias aduaneras a los respectivos productos, se alcanzó al menos un compromiso manifiesto de ambas partes para atenuar el conflicto y encontrar soluciones satisfactorias para ambas partes, lo que el resto de miembros considera como positivo. Lo anterior no significa, de ninguna manera, que se haya alcanzado un acuerdo bilateral que efectivamente ponga fin al enfrentamiento comercial entre las dos potencias, sobre todo la posición proteccionista de Estados Unidos que conlleva a crecientes aranceles.

No fue positivo con la cuestión climática, ya que Estados Unidos se sigue negando a suscribir compromisos dentro del marco de los llamados Acuerdos de París para frenar el calentamientos global y limitar el uso del carbono y de combustibles fósiles. La intransigencia de Trump y su gobierno respecto a esta cuestión parte de un negacionismo a ultranza de las evidencias científicas del recalentamiento global. Análogamente, no tuvieron eco las protestas por medio de organizaciones ambientalistas de poner límite a la caza de ballenas, negándose Japón y anunciando que se retirará en breve de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) el próximo domingo y reanudará la caza comercial de ballenas.

En cuanto al incremento de las sanciones contra Irán, las intenciones norteamericanas no tuvieron el apoyo y consenso que Trump esperaba. Estados Unidos y Arabia Saudita, el gran rival regional de los iraníes, tienen posiciones conjuntas de imponer mano dura a Irán, mientras la Unión Europea y sus miembros, seguidos por chinos y rusos, siguen mostrando actitudes de suavizar las asperezas y bajar intensidad al conflicto, especialmente el enfrentamiento directo de Estados Unidos con el país persa.

La cuestión migratoria global no estuvo dentro de las prioridades de la agenda de la reunión cumbre del G20, a pesar de que los flujos migratorios de África y países del Medio Oriente están impactado social y políticamente Europa,mientras la llegada de migrantes centroamericanos y de otros países a Estados Unidos ha creado una crisis humanitaria y grandes desplegados mediáticos por la envergadura de la misma. Solo México hizo un pedido concreto de ayuda para solventar la crisis migratoria.

De la misma manera, a pesar de los esfuerzos anti Maduro del presidente Bolsonaro de Brasil, no se concretó ningún tipo de sanciones o presiones directas contra Venezuela. El mismo Trump dijo al respecto que «estaba de parte del pueblo venezolano», pero que se trataba de un proceso que requiere tiempo. Afirmación que contrasta con la prisa de la Casa Blanca de hace pocos meses para lograr la salida inmediata del presidente Maduro, incluso con medios militares.

De importancia latinoamericana fueron las discusiones para abrir caminos efectivos para el intercambio comercial entre el Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay) y la Unión Europea.

Por último, fue notorio el apoyo moral que, indirectamente, el G20 dio a Arabia Saudita, criticada por la ONU a causa de las violaciones de derechos humanos y en especial por el asesinato de un periodista saudí en su propia embajada en Turquía. Organizaciones y activistas de los derechos humanos en el mundo han criticando duramente las condiciones de desigualdad de género en Arabia Saudita como evidentes déficits democráticos. Sin embargo, la capacidad petrolera y financiera de los saudís parece impactar más a los miembros del G20 y el homenaje y recibimiento que se le diera al príncipe Mohamed bin Salmán estaría confirmando que los fuertes intereses económicos prevalecen sobre los derechos humanos.

Por Jaime Barrios Carrillo


Imagen principal tomada de PorEsto!.

0 Commentarios

Dejar un comentario