Preguntas a Ana María Rodas

-gAZeta / PREGUNTAS A-

¿Cómo evalúas, a la distancia, el impacto de tu poemario Poemas de la Izquierda erótica?

Me di cuenta muy pronto que solo iba a ser visto desde el punto de vista del feminismo. Lo publiqué en una época en la que en el país no se podía decir mayor cosa públicamente. Era tal la censura que recuerdo con una sonrisa interna que un diario, para hablar de los guerrilleros, repetía en sus páginas el término con que los nombraba el Gobierno de turno: «los delincuentes subversivos». (Como periodista, casi toda mi vida de reportera me encargué de los ministerios de Estado, en el Palacio Nacional; y por alguna razón que desconozco, me asignaban generalmente los sindicatos y las asociaciones estudiantiles. Y cuando en los años 60 y 70 se fueron cerrando más fuertemente las puertas de la libertad de expresión, tuve que ir cambiando de lugar de trabajo regularmente para poder escribir de manera un poco más abierta, con menos autocensura, sobre las fuentes mencionadas que se me fijaban normalmente, posiblemente por la experiencia que, sobre ellas, había acumulado en años).

Tal vez confié demasiado en la capacidad de los lectores y hasta llegué a pensar que me había engañado a mí misma. Pero en el fondo de los fondos, poner la palabra izquierda en el título tenía y tiene aún un significado que, si bien incluye la desigualdad en las relaciones entre mujeres y hombres, también se refiere a las desigualdades de toda clase que perduran en Guatemala o en cualquier otra parte del mundo.

No fue sino hasta muchos años más tarde –tomando parte en un proyecto del Instituto Cervantes y del Instituto Gohete, conmemorando el Cuarto Centenario de la aparición del Quijote, que consistió en la publicación de un libro de poemas bilingüe, VERSschmuggel/ Contrabando de VERSOS, que incluyó a doce poetas de habla germánica y a doce poetas de habla española– que se comprendió el sentido de mi poesía.

Los organizadores de la reunión de los poetas que elaboramos en Berlín nuestras mutuas traducciones en 2005, redactaron seis líneas sobre mí y mi trabajo: «Ana María Rodas (n.1937 Ciudad de Guatemala, Guatemala) poeta, narradora y ensayista, es considerada una de las grandes figuras latinoamericanas de la literatura de mujeres. En su poesía, sensual o acre, pero perdurable, denuncia la hipocresía de la opresión, Con su poemario Poemas de la izquierda erótica escandalizó a la sociedad pacata y convencional y llevó al plano humano más íntimo la cuestión de la libertad».

¿Por qué identificarlos como de izquierda?

Justamente porque en los sectores de derecha –y esa es mi experiencia– la opresión, las desigualdades, si las llegan a reconocer en voz alta, tienen una connotación diversa. Para las derechas las desigualdades no son motivo de reclamo, de exigencia, no se espera que haya demanda alguna acerca de ellas. Son corrientes. En realidad no implican nada grave para quienes están, normalmente, del lado más ventajoso de la cuerda.

Y en La izquierda hay reclamo. Pero en la medida en que iba escribiendo los poemas de ese libro, que en julio cumplirá 45 años, me iba dando cuenta de que mis propios amigos y colegas no entendían lo que, según yo, estaba muy claro: una acusación por la opresión generalizada.

En la página 76 de la edición original se encuentra el poema Ya sé:

Ya sé
nunca voy a ser más que una
guerrillera del amor
               Estoy situada algo así
como a la izquierda erótica
soltando bala tras bala
contra el sistema.
perdiendo fuerza y tiempo
en predicar un evangelio trasnochado.

Voy a terminar como aquel otro loco
                que se quedó
tirado en la sierra.

Pero como mi lucha
no es política que sirva a los hombres
jamás publicarán mi diario
ni construirán industrias de consumo popular
de carteles
y colgajos con mis fotografías.

No solo protestaba porque ni siquiera los seres más cercanos veían en mí más que a una feminista sino, al mismo tiempo, porque la muerte del Che Guevara había sido –y sigue siendo, sobre todo hoy, cuando todo se comercializa– un motivo de ventas callejeras en muchas partes del mundo. Con la transformación que ha sufrido el capitalismo en este medio siglo, el Che Guevara aparece en prendas de grandes marcas que, evidentemente, no están obligadas a pagar derechos de nada.

Sigamos con el libro: el poema de la página 86 de aquella edición es como sigue:

Revolucionario: esta noche
no estaré en tu cama.
Que no te extrañe la subversión de amor
                              antiguo dueño.

Tú hinchas el cuero
y te preocupas tanto de problemas sociales
no te fijas, farsante
que en tu casa
calcas tan justamente
los modales del mejor tirano

Lo que sigue ya no es del poema:

Moriré protestando.

¿Crees que en las últimas décadas la poesía femenina, y en particular la erótica, ha logrado desarrollarse, diversificarse y consolidarse?

Empecemos por descartar la palabra femenina, que existe, pero prefiero “mujer”.

Y sí, el erotismo de las mujeres, a partir de los años 60 y 70 ha tenido un auge considerable. No solamente en nuestro Estrecho Dudoso, que aunque para los conquistadores significaba un irreal paso para ir del Atlántico al Pacífico, luego de Cardenal, el término ha cobrado otro sentido y resulta ser un imaginario del istmo centroamericano.

La doctora costarricense, Magda Zavala, publica en octubre de 2011 una antología de poetas centroamericanas contemporáneas (1970-2008) como resultado de un estudio que realizó en la Universidad Nacional de Costa Rica. Esa antología lleva por título Con mano de mujer, y en él, Magda me dedica el siguiente párrafo:

Los primeros años de la década de los setenta en Centroamérica presencian un cambio drástico en la poesía de mujeres, primero en Guatemala e, inmediatamente después, en Nicaragua. Ana María Rodas encabezaba (…) un movimiento poético marcado por la recuperación de la palabra cotidiana. Ese hecho conmueve la escena literaria, primero de su país y, más tarde, de la región, por su originalidad estética y desenfado denunciante. Ningún poeta, hombre o mujer, se había atrevido a hablar de manera tan tajante, directa, fuerte, desafiante y decididamente con intención crítica en el plano de la moral privada, como lo hizo Ana María Rodas con su poemario Poemas de la izquierda erótica.

El libro de la doctora Zavala incluye a más de 60 poetas centroamericanas, lo que da una idea del desarrollo y consolidación de la poesía de mujeres entre los años 70 y la primera década de este siglo en América Central, que es la región de la cual poseo datos auténticos, verificables.

Los congresos y festivales poéticos a los que he asistido a lo largo de los años, tanto en la región centroamericana como en América del Sur, México, Estados Unidos, en varios países europeos, me han dado la oportunidad de verificar que la poesía de mujeres ha sufrido cambios diversos y generosos. Se trata, a mi juicio, de un avance ya no reversible, que posee características heterogéneas y complejas según las nacionalidades de las poetas. Ligados a los problemas de las mujeres, sí, pero también a los conflictos que enfrentan los habitantes de diversas regiones de la Tierra.

¿Cuáles consideras que son las causas que limitan o promueven la literatura femenina y en particular la poesía?

Creo que luego de los sucesos mundiales en los años 60: las luchas por las libertades civiles en Estados Unidos, la cadena de protestas estudiantiles de mayo de 1968, la casi mundialmente extendida batalla feminista, todos las corrientes que caben en la construcción de un movimiento contracultural en el mundo occidental han sido favorables para la producción artística de las mujeres. Ello implica, naturalmente, la literatura. Y dentro de ella, la poesía que ha ocupado siempre un lugar destacado.

En Egipto se encuentran testimonios de lenguaje en forma de poesía que nos remiten a 25 siglos antes de Cristo. Pero están dedicados al trabajo y a la religión. Solo Gilgamesh, la obra épica sumeria que fue creada 2000 años antes de Cristo, es un poema con intención literaria, escrito sin métrica ni rima sobre tabletas de arcilla que sobrevivieron la destrucción de Irak, gracias a la rapiña de los europeos que tomaron cuanto les dio la gana de los países que visitaron o colonizaron en el pasado. Gilgamesh se encuentra «depositado», dicen, en el Museo Británico.

Regresando a aquellos movimientos libertarios de los años 60 y 70, considero que la poesía de mujeres encontró un fuerte asidero en esos años. Sin embargo, el género literario más difícil de publicar ha sido siempre –salvo excepciones que se dieron por muy diversas causas en siglos pasados, en diversos países– la poesía.

El gran público prefiere las novelas. A la poesía debe prestársele atención. Es mucho más fácil dejarse llevar por un relato que desenredar la serie de diversas connotaciones que la poesía ofrece o puede ofrecer. Y la producción poética de las mujeres también sufre por ello.

A mi juicio, los años 80, años en los que incluso los jóvenes, los uniformados yuppies de Wall Street, fueron una especie de imagen a copiar en todas partes del mundo occidental –que es el que conozco–, cuando las posesiones materiales sufrieron el auge que hasta ahora ostentan –y de la manera más infame y burda posible– el mundo del arte en general, y de la poesía en particular, tuvo un retroceso.

Ese retroceso no tiene género, y lo sufren por igual hombres y mujeres.

En tu producción literaria actual, ¿cuáles son los temas que ahora te motivan y qué obras tienes en proceso de publicación?

Guatemala es un país pequeño si nos referimos a su extensión. Es un lugar común decir que posee grandes riquezas culturales. Lo que es absolutamente cierto. Lo malo es que el vulgo repite frases hechas sobre esa riqueza, y no se da cuenta de lo que verdaderamente significa. No se da cuenta de que su forma de vestir, su forma de hablar, los hábitos alimenticios que posee son parte de ese tesoro, de ese patrimonio cultural.

Probablemente tuve gran suerte de tener una familia paterna y una familia materna muy diferentes en historias culturales, pero absolutamente parecidas en cuanto a una crianza en libertad se refiere. Así, mantengo una actitud de gran libertad aún frente a las mayores adversidades que sufrimos en Guatemala como producto de una colonia que no termina de esfumarse.

Este año será publicado por Ediciones del Pensativo un libro de cuentos que aún se afianza en experiencias personales, particulares. Y tengo escrito un libro de poesía, aún sin nombre, que ve hacia dentro de mí y probablemente hacia los seres que me son cercanos.

Me encantaría pasar una larga y tranquila temporada en el área quiché, de donde viene mi familia paterna. Pero eso sería darle la espalda a las rígidas realidades sociales del país en cada una de sus regiones, sus ríos, sus campos. No creo que pueda.

Esa realidad me ha llevado a escribir una serie de cuentos cortos, de una página o página y media a lo sumo. Hay material suficiente en el país para escribir esas historias a las que con ánimo de quitarles aristas, llamo «Anisillos de Guatemala». Quién sabe cómo se llegará a llamar si logro hacer crecer el libro. Cada vez que termino de escribir un cuentito me enfermo físicamente. De manera que me vuelco en una novela que avanza lentamente y que tiene como tema una historia familiar que transcurre entre los siglos XIX y XX.

Unos párrafos atrás afirmé que moriré protestando. Ahora debo agregar a lo dicho que moriré escribiendo. Que la lectura y la escritura me dan tanta felicidad como las flores del jardín y el enorme encino que reina en ese espacio.

Por Virgilio Alvarez Aragón


Ana María Rodas: (1937, ciudad de Guatemala) Por largo tiempo ha sido columnista de varios medios impresos, así como profesora universitaria. Poeta, narradora y ensayista, con libros emblemáticos para la literatura centroamericana como los de poesía: Poemas de la izquierda erótica (Ediciones del Absurdo, 1973), La insurrección de Mariana (Ediciones del Cadejo, 1993) y Esta desnuda playa (Editorial cultura, 2015). En narrativa, Ixöq rusamajel ajaw -La monja- (Fondo de Cultura Económica, 2001). Se han realizado traducciones de sus diversas obras al francés, inglés, italiano, hebreo y sueco. Es considerada una de las grandes figuras latinoamericanas de la literatura de mujeres. En su poesía, sensual o crítica, pero perdurable, toda, denuncia la hipocresía de la opresión en sus distintas formas. Objeto de análisis y estudio en numerosos ensayos y tesis universitarias, ha sido laureada con el Premio Libertad de Prensa (APG 1974) y Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias, (2000). Se ha desempeñado, además, como directora del Diario de Centroamericana y la Tipografía Nacional (2004-2008), Directora de la Biblioteca Nacional de Guatemala (2012) y ministra de Cultura y Deporte (2015-2016).

2 Commentarios

Rodrigo Vásquez 29/05/2018

En la entrevista dicen:
«En Egipto se encuentran testimonios de lenguaje en forma de poesía que nos remiten a 25 siglos antes de Cristo. Pero están dedicados al trabajo y a la religión. Solo Gilgamesh, la obra épica sumeria que fue creada 2000 años antes de Cristo, es un poema con intención literaria, escrito sin métrica ni rima sobre tabletas de arcilla …»
Dudo mucho, simplemente no lo creo, que Gilgamesh esté escrito con intención literaria, a menos que me expliquen porqué solo Gilgamesh la tiene pero los testimonios de lenguaje en forma de poesía egipcios de 25 siglos antes de Cristo no. Gilgamesh es un mito, y como todos los mitos, no tiene «intención literaria». Al menos no en el sentido moderno de «literatura». En todo caso, tendría una «intención sagrada.» Cada texto debe leerse en su contexto histórico cultural. Se habla de «intención literaria» sin explicar en qué consiste. Buscarle una «intención literaria» a los escritos de épocas tan remotas, me suena a prejuicio moderno. Hay una contradicción al mencionar que los testimonios del Egipto de 25 siglos antes de Cristo estén escritos en el «lenguaje en forma de poesía» para luego reparar que: «pero están dedicados al trabajo y a la religión.» Dando a entender, con este «pero», que esto implica que no son poesía.
Según este criterio, la literatura que intenta denunciar «la desigualdad en las relaciones entre mujeres y hombres, también … las desigualdades de toda clase que perduran en Guatemala o en cualquier otra parte del mundo.» podría merecer el mismo «pero» que se le pone a «testimonios de lenguaje en forma de poesía que nos remiten a 25 siglos antes de Cristo… Pero están dedicados al trabajo y a la religión.»

    Jaime Barrios Carrillo 14/12/2018

    «La Epopeya de Gilgamesh o el Poema de Gilgamesh es una narración acadia en verso sobre las peripecias del rey Gilgamesh (también transcripto como Gilgameš). Está basada en cinco poemas independientes sumerios, que constituyen la obra épica más antigua conocida.»

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