¿Post-orgánico?

Lorena Carrillo | Política y sociedad / DIARIO DE FRONTERA

Desde que lo conozco, ninguna imagen de Julio Broca me ha dejado indiferente; ni las que me ha propuesto para distintos trabajos que hemos realizado como ediciones de la universidad, ni las que he visto relacionadas con otros contextos. El rojo, que muchas veces es el detalle o a veces la totalidad, con toda su sangre, vísceras, erotismo y rebeldía es siempre lo que me conmueve, pero no lo único. Su discurso todo, que no pocas veces me ha dejado con preguntas, me conmueve. Ahora se trata de otra imagen fuerte y desconcertante como suelen ser las suyas.

¿Quién es este ser translúcido y deforme en el cartel? Su cuerpo, extraño y fami-liar a la vez, recuerda tanto al nuestro como al de un ser de otro planeta. ¿De dónde viene? Tal vez no de muy lejos. Su color ocre, mineral y oxidado, su tronco oval y sus brazos demasiado largos y demasiado delgados. Tal vez siem-pre sentado, tal vez usando extrañamente esos atrofiados brazos que terminan en manos en las que destaca un largo dedo índice. Hay algo inquietante en esta ima-gen que de pronto, como efecto de esa pantalla-espejo que ocupa el lugar de la cabeza, parece que puede reflejarnos si nos asomamos ahí.

Alguien habló hace tiempo de cuerpos dóciles, cuerpos rendidos, como aspira-ción de una sociedad que requiere normarlo todo y controlarlo todo para que sea posible la reproducción del sistema. Ese cuerpo oval, sin formas claramente hu-manas, es quizá una metáfora de esa docilidad. Los brazos humanos han sido siempre hacedores: se trabaja con ellos, se ama con ellos, se lucha con ellos, o al menos era así «antes», en eso que se ha llegado a nombrar, no sin desdén, como una ya «obsoleta cultura orgánica» o «biológica» que, al parecer, algunos están considerando ya en vías de extinción. Pero el ser de esta imagen escasamente puede hacer algo con esos brazos debilitados, a lo sumo, sostener en una de las manos su propia cabeza, como quien sostiene un teléfono celular. Ya dijimos an-tes que lo que está en su lugar es una pantalla. Tal vez esa cabeza fue removida por otros que luego la reemplazaron.

No se trata sin embargo, del futuro. Hoy mismo circulan palabras amenazantes: post-evolución, post-orgánico, que hablan de un cambio radical en el proceso evolutivo de la humanidad. El cuerpo mismo estaría pasando de ser orgánico a ser algo más allá, dicen. La película The Ghost in the Shell es un ade-lanto: cuerpos cibernéticos y cerebros que ya no se distinguen de la máquina.

La transparencia de la piel en la imagen deja ver unas costillas como armazón, pero no hay corazón detrás de los huesos, esta vez no hay vísceras ahí. Una mancha lechosa en medio del pecho no deja ver qué hay atrás, pero tal vez no hay nada que ver, tal vez se trata simplemente de un cuerpo vacío, del que solo salen cables por el orificio abierto del cuello. Al igual que en The Ghost in the Shell, la cabeza y todo lo que ella representa es la parte del cuerpo que es depuesta por la máquina, por la pantalla reificada, conectada a esos cables; y ese es el tema central de la imagen. Lo más intenso, sin embargo, resulta de la incertidumbre sobre esa especie de sangre que mana brevemente del cuello y que recuerda, a pesar de todo, lo orgánico o biológico que alguna vez estuvo ahí. La incertidumbre y desconcierto que produce no solo esa poca sangre, sino sobre todo ese largo dedo índice clavándose en el ojo, en una cara que alcanza a tener un gesto de bizarra comicidad. ¿Es acaso el movimiento reflejo de un índice que acaba con nuestra posibilidad de ver dando un sencillo clic? Su nom-bre es Idiot, por lo demás.


Este texto forma parte del libro Disoñando utopías. Imágenes argonautas entre la ciencia y la metáfora de Julio Broca. Benemérita Universidad Au-tónoma de Puebla, 2017.

Imagen por Julio Broca.

Lorena Carrillo

Doctora en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México. Profesora-investigadora del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Docente en los posgrados de Historia y Ciencias del Lenguaje del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP. Una de sus últimas publicaciones es Motines y rebeliones indígenas en Guatemala. Perspectivas historiográficas, como coordinadora.

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