Muerte de un país por mala calidad de agua

Roberto Ganddini | Para no extinguirnos / ESPIRAL

Se le llama «país de la eterna primavera» porque durante todo el año las flores están mostrando lo esencial de la vida, la reproducción. Pero actualmente tenemos una situación difícil, provocada por la avaricia, la corrupción y las ansias de poder y de hacer dinero fácil, las cuales no toman cuenta el cuidado del medio ambiente. Se han destruido bosques, montañas, barrancos y esto ha provocado la escasez de agua potable y la falta de programas de tratamiento de las aguas servidas, que no son responsabilidad del ciudadano de a pie, sino de los gobiernos, tanto central como locales.

Es lamentable que tengamos que utilizar la estadística y las cifras para determinar un problema fundamental para la vida, como es el agua. Vemos con suma preocupación que el 95 % de los ríos están contaminados y si no se toman medidas necesarias en unos 10 años el 100 % de los ríos estarán contaminados.

El término agua residual define un tipo de agua que está contaminada con sustancias fecales, procedentes de desechos orgánicos humanos o animales. Su importancia es tal que requiere sistemas de canalización, tratamiento y desalojo. Su tratamiento nulo o indebido genera graves problemas de contaminación.

A las aguas residuales también se les llama aguas servidas, fecales o cloacales. Son residuales, habiendo sido usada el agua, constituyen un residuo, algo que no sirve para el usuario directo, y cloacales porque son transportadas mediante cloacas (del latín cloaca, alcantarilla), nombre que se le da habitualmente al colector. Algunos autores hacen una diferencia entre aguas servidas y aguas residuales en el sentido que las primeras solo provendrían del uso doméstico y las segundas corresponderían a la mezcla de aguas domésticas e industriales. En todo caso, están constituidas por todas aquellas aguas que son conducidas por el alcantarillado e incluyen, a veces, las aguas de lluvia y las infiltraciones de agua del terreno.

La mayoría de comunidades viven con el agua que proveen los ríos, pero estas, al estar contaminadas, producen una serie de enfermedades en la población, que pueden causar la muerte especialmente en menores y males irreversibles en personas adultas. El agua contaminada que las poblaciones consumen degenera el bienestar de la vida y la sociedad, lo que hace que el rendimiento personal no sea el mismo.

El Ministerio de Salud registra que 143 niños murieron en el 2016 por este mal.

Los sectores más pobres son los que sufren de estos males y si la calidad del agua es pésima, la salud empeora. Por ejemplo, en los municipios de los 11 departamentos que  forman el Corredor Seco, pese a que  corren algunos ríos, los pobladores no pueden aprovechar el agua debido a la contaminación, empeorando así  la seguridad alimentaria de las familias. En Guatemala tenemos cifras que son irrisorias, porque de los 95 mil millones de metros cúbicos de agua que cada año nos dan los ríos, solo se aprovecha menos del 10 %, unos ocho mil metros cúbicos, que se utilizan para consumo humano y la agricultura. En el área metropolitana la situación de miles de personas que dependen de las aguas de los ríos Las Vacas y Villalobos es desalentadora, pues ambos afluentes están contaminados. El último, por ejemplo, con metales pesados, causantes de varios tipos de cáncer y dolencias hepáticas.

Fotografía tomada de México sostenible.

Esto agrava la situación del aprovechamiento del agua en la ciudad capital y zonas adyacentes, pues cualquier proyecto que se implemente en el cual se necesite agua para consumo, corre el riesgo de que el agua tenga metales pesados que provocan las enfermedades descritas anteriormente. El aprovechamiento de los ríos que no están contaminados lo realizan los grandes agricultores, que incluso desvían los ríos para riego de las plantaciones de caña y palma africana, dejando a comunidades enteras sin agua que, de alguna manera, se podría aprovechar para consumo humano. En este artículo lo que queremos resaltar es que tenemos suficiente agua, pero no se puede aprovechar por falta, en primer lugar, de una ley de aguas y por la cultura productiva que no permite un aprovechamiento racional, también porque las autoridades locales no implementan plantas de tratamiento para aguas residuales y las empresas productivas no tienen un tratamiento especial para las aguas utilizadas en la producción de sus productos.

La agricultura mal utilizada es una de las fuentes de escasez y contaminación de aguas de consumo humano, razón por la que es necesario que se apruebe una ley de aguas.
Queremos recalcar también que un país que no se preocupa por el mejoramiento en la calidad del agua está condenado al subdesarrollo permanente y a terminar con la sociedad, como ejemplo tenemos al altiplano, en donde, por no haber una buena producción agrícola, la población migra al norte, donde van a sufrir miseria y humillación, debido a que en nuestro país no existen las condiciones necesarias para producción, ni para garantizar la vida de los hijos y demás familiares. La contaminación no es cuestión de conocimiento general, es cuestión de vida, que el agua esté en condiciones óptimas para la producción y consumo personal. La conciencia colectiva en el aprovechamiento del agua tiene que ser uno de nuestros principios y valores primordiales en nuestro actuar diario.

Volvamos a ser el país de la eterna primavera y de los grandes bosques y árboles, como lo indica nuestro nombre Guatemala. País de árboles.


Fotografía principal tomada de Amazon.

Roberto Ganddini

Actualmente trabajo en la Universidad de San Carlos donde soy el Director Administrativo del Centro Universitario Metropolitano (CUM). De formación Agrónomo y con estudios en administración y Economía. Así como un diplomado de Desarrollo sostenible y prevención de desastres (FLACSO). Dentro de los diversas actividades escribo para el periódico de la Universidad de San Carlos especialmente sobre problemas de medio ambiente. Pero también de carácter social y coyuntura actual. Así como problemática interna de la USAC.

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