Memorias de la revolución y las mujeres

Ruth del Valle Cóbar | Política y sociedad / HILANDO Y TEJIENDO: MEMORIA Y DERECHOS HUMANOS

No acostumbro hacer reseñas de libros, pero en estos días de descanso he vuelto a revisar mi biblioteca y encontré un libro que leí y había dejado en el olvido… Revolución, mujer y fusil, de Ana María Gudiel García.

Tal vez no conozcan a Ana María, quien me regaló su libro en 2011 cuando la conocí a través de un gran amigo mutuo, pero vale la pena leerla. Este es uno de los libros que relatan las historias de las participación de las mujeres en la construcción de una nueva Guatemala, como también lo han hecho Yolanda Colom (Mujeres en la alborada) o Chiqui Ramírez (La guerra de los 36 años).

No he vuelto a ver a Anita, pero entonces era una mujer muy alegre, optimista, llena de vida, a quien le encantaba hablar de los años de la resistencia y el combate, pero también contaba las historias de cuando trabajaba en la industria y el comercio, para ganarse la vida.

Ana María cuenta cómo fue a parar a una finca a cortar café, sobre los terratenientes de abolengo que eran los propietarios y sobre cómo el dueño se paseaba toda la jornada viendo morbosamente a las mujeres (de 12 a 18 años, era la condición para darles empleo), deleitándose al ver las dificultades de estas jóvenes para cargar los pesados sacos de café. Pero también cuenta cómo ese señor se la llevó a trabajar de «doméstica», cómo la explotaba laboralmente y cómo la acosaba sexualmente, hasta que logró salir del lugar. Interesantes recuerdos de Anita cuando, 32 años después de esa experiencia, leyó en la prensa que ese señor había sido apresado por violar a dos niñas de 6 y 8 años.

También cuenta sobre su trabajo a los 13 años en una productora de flores, de donde tuvo que retirarse porque el calor del invernadero les producía trastornos urinarios que se volvían crónicos si no se atendían.

Ana se incorporó al movimiento revolucionario al ver las injusticias que se cometían contra la gente, pues ella misma las había sufrido. Casualmente pasaba por la calle cuando un grupo del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) hacía un mitin cerca de donde ella trabajaba. Cuando una lee el relato, siente la emoción de las palabras revolucionarias, del llamado a la unidad popular, de la denuncia de las injusticias contra el pueblo.

Ana María relata la organización de los sindicatos, las movilizaciones del estudiantado por sus demandas, la represión de la policía con su pelotón antimotines, las capturas de jóvenes y adolescentes que apoyaban el movimiento, las huelgas y los paros de trabajadores.

Durante 14 años estuvo en el EGP, llevando el mensaje revolucionario al pueblo por distintos medios, haciendo pintas, colgando mantas, repartiendo propaganda y volantes por todo el municipio.

Ana participó en distintas estructuras revolucionarias, aportando en varias tareas de la organización, hasta que los problemas de seguridad la obligaron a salir del país junto a otros combatientes. Pero su lucha no terminó ahí, porque fueron a apoyar la revolución en otro país.

Ana es un ejemplo de mujer valiente, luchadora, persistente, que no renunció al sueño y la utopía, porque luego de volver a Guatemala, en medio de las actividades para ganarse el sustento diario, continúa contribuyendo a construir un país mejor, no solo con su lucha diaria, sino con esta construcción de memoria e historia.


Fotografía por Ruth del Valle Cóbar.

Ruth del Valle Cóbar

Feminista, defensora de derechos humanos, investigadora social, constructora de mundos nuevos. Ha pasado por las aulas universitarias en Ciencia Política, Administración Pública, Psicología Social, Ciencias Sociales. Transitado del activismo social al político, incluyendo movimientos sociales, organizaciones sociales, entidades gubernamentales y del estado.

Hilando y tejiendo: memoria y derechos humanos

Un Commentario

CIRCULO CULTURAL DE POETAS LATINOS 20/05/2019

MEMORIA DEL SILENCIO

E P Í S T O L A
Literatura castellana, Culta (Sin cesura)

Siempre asimilé, del abuelo, qué era una aldea:
es PAZ: donde libertad y justicia, bordea,
hasta los monzones-viento en árboles augura
cuando desamparada la noche cae oscura,
la Ceiba Pentadra nunca se sintió cansada,
que su vida milenaria tiene ya ganada
allí el pájaro emigró, con temor dejó el nido
sin conocer nueva ruta, vuela perseguido.
.
Puesto que el viento JUSTICIA, se lo ha prohibido
abandonó la LIBERTAD que había tenido
de aquel antes frondoso, gallardo árbol copudo
solamente queda el íngrimo nido desnudo,
solamente se oye el murmuro neón del río,
sólo se quedo el campo, sólo del pueblo mío,
vaga remembranza de la muerte caprichosa
de montaña bajo el cielo rojo, silenciosa.
.
Al campesino, de sucumbir, le llegó la hora
le trepidaban las raíces y la hoja llora
cuando el verde-amarillento césped se marchita
fue arrasada, leí, que la comunidad grita
forza sin temor denunciar tan horrible crimen
donde los cobardes triunfan y los pobres gimen
justicia exige , como autor, de la lealtad
la hermosa poesía que canta libertad.

Andrómaca siempre dará protección discreta
El escritor que divulgará todo eso oyó
sublime convertirá la letra del poeta
con honra por MEMORIA DEL SILENCIO juró.

Dr. Rafael Mérida Cruz-Lascano
“Hombre de Maíz, 2009”
Guatemala, C. A.

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