Los tres caminos de la migración

Carlos Juárez | Política y sociedad / CLANDESTINO Y ARTESANAL

Las noticias sobre lo que está sucediendo con las personas que migran a Estados Unidos acaparan la atención de las redes sociales hoy en día. Los casos de los niños separados de sus familias y enjaulados nos llenan de repudio a todos los americanos. Al menos a los americanos de la patria grande y no los que creen que América es un país únicamente.

En la actualidad, migrar tiene tres caminos: sobrevivir, desaparecer o morir. Una encrucijada total.

Para gran cantidad de familias guatemaltecas, la migración que se produjo en los años 70 y 80 significó el único camino para mejores condiciones de vida, al menos de alguno de los miembros del núcleo familiar. Para otros fue un refugio por la situación política que se vivía durante el conflicto armado interno.

En nuestros días existen quienes, además de buscar mejores condiciones de vida, también huyen de la violencia, esta vez no política sino cotidiana, esa en la que un teléfono celular o un simple viaje en autobús puede ser motivo suficiente para morir de forma violenta.

También están los que no dejan rastro, esos que iniciaron el viaje y no llegaron ni regresaron. Son las desaparecidas y desaparecidos migrantes, personas que le apostaron a emprender un viaje y se quedaron en el limbo.

Para sus familiares estos casos son una angustia permanente, no solo por la incógnita del destino de sus seres queridos, sino por la distancia que dificulta la búsqueda de los mismos. La inversión económica tampoco ayuda a quienes deben seguir el rastro de sus familiares, una búsqueda de personas tiene varios costos, los cuales deben medirse desde la inversión netamente económica, hasta la temporal, tomando en cuenta que pocas personas pueden darse el lujo de dejar de trabajar por un periodo como el necesario para buscar a sus desaparecidos.

Por último, están los que mueren de forma violenta, esos son los que no consiguieron sortear todos los obstáculos para llegar a la nación del norte. Los que fueron víctimas de la violencia, el crimen organizado o la brutalidad policial que impera y se admira en aquel país.

Sus historias terminan desde el momento en que tomaron la decisión de migrar, porque la migración es eso, una moneda tirada al aire en la que se apuesta la vida, un recorrido plagado de muerte e incertidumbre para los que se van y para los que se quedan. Tristemente son los que huyen de la muerte para encontrar la muerte.

Los que arriban a su destino, por si fuera poco, se han convertido en la base de nuestro sostén como país, son sus esfuerzos los que mantienen a flote a Guatemala. Por eso es difícil decirle a las personas que dejen de arriesgarse, si alguno decide no hacerlo, otro miembro de la familia lo hará, porque este país se ha comido décadas y generaciones de personas en la miseria, porque es mejor morir intentando hacer algo que quedarse acá mirando como Guatemala te devora el cuerpo y la paz.

Es increíble también que las causas de la migración son las mismas ahora que hace 30 o 40 años. La pobreza y la violencia parece que pararon el tiempo en este país, es una espiral de la que no se avizora salida pronta.

Mientras tanto, el millón y medio de connacionales que trabajan en Estados Unidos seguirán aumentando, y a pesar de que las probabilidades de llegar se reducen día con día, muchos guatemaltecos seguirán transitando por los tres caminos de la migración.


Carlos Juárez

Estudiante de leyes, aprendiz de ciudadano, enamorado de Guatemala y los derechos humanos, fanático del diálogo que busca la memoria de un país con amnesia.

Clandestino y artesanal

2 Commentarios

Paola 21/07/2018

La columna refleja el sentimiento de la mayoría y la indignación que nos genera el saber por lo que pasan los que emprenden el viaje y las que se ven cada día por el gobierno incompetente

    Carlos Juárez 08/08/2018

    Es sin duda, un viaje a la angustia Paola.

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