¿Lentes sucios o nuevos lentes?

Tomás Rosada | Política y sociedad / MIS CINCO LEN

Alguien me dijo un día esta frase: nada es verdad y nada es mentira, todo depende del cristal con que se mira. Sin buscar relativizarlo todo, pues tampoco se trata de eso, creo que algo así nos está pasando con la percepción que tenemos de la agricultura y de la ruralidad. Hemos caído en la trampa de no actualizar la graduación de los lentes que utilizamos para voltear a ver el campo. Déjeme darle un par de ejemplos.

Usamos las cuentas nacionales para definir el tamaño del sector, es decir, para saber de qué sujeto hablamos. Es así como lo comparamos con la industria, el comercio y los servicios. Y por eso decimos hoy que la agricultura en Guatemala representa más o menos 11 % del producto nacional, y que además trae una tendencia decreciente. Sin embargo, lo que hemos dejado de lado son todos esos otros encadenamientos hacia adelante y hacia atrás que suceden entre la actividad agropecuaria los sistemas agroalimentarios (food systems). En Perú, por ejemplo, se han hecho estimaciones de estas interrelaciones, sugiriendo que la contribución de la agricultura al producto nacional podría elevar su contribución en 50 % más de lo que actualmente se registra en las cuentas nacionales.

De igual forma, asociamos la actividad agrícola con esa otra tendencia de urbanización, pensando en el campo como un espacio que se está vaciando en América Latina. Sin embargo, la lente que usamos distorsiona mucho, pues nuestra definición de «urbano» es bastante dudosa, por no decir pegada con chicle. Y para Guatemala esto no es cosa menor, ya que, aun utilizando una métrica tan imperfecta, la mitad de la población habita en el campo.

Los dos ejemplos anteriores sobre el sujeto y el espacio tienen su correlato en el tipo de instituciones que hemos diseñado y con las cuales debemos trabajar al momento de implementar cualquier acción o política pública rural. Los ministerios de agricultura -y el MAGA en Guatemala ciertamente no es la excepción- se están descascarando. Son como viejas máquinas oxidadas, elefantes artríticos de circo pobre, sin ninguna capacidad de reacción rápida y efectiva para las muchas necesidades que tienen las personas que viven de la agricultura.

Tanto los productores grandes y globalizados como los chicos y aislados, todos por igual, se las espantan hoy a la buena de Dios para sacar sus cosechas y mantener sus animales sanos (o por lo menos vivos). Sin embargo, todos por igual, globalizados y aislados, bien que se beneficiarían de más investigación y desarrollo, de más innovación tecnológica, de más extensión y asistencia técnica, de más infraestructura productiva, de más bienes públicos rurales.

Estos tres ejemplos ilustran cómo nuestra lente está sucia y mal graduada. Tenemos una visión distorsionada del sujeto, del espacio y por lo tanto de la institucionalidad, y así es muy difícil pensar en una estrategia nacional de desarrollo que nos permita superar el atraso.

Para Guatemala lo rural no es rincón utópico desde donde se niega la modernidad. Al contrario, es más bien una piedra angular sin la cual el cuadro está incompleto.

¿Por qué no hablamos más de estos temas en Guatemala? ¿Por qué el Gobierno no lidera discusiones estratégicas de este tipo? ¿En dónde está la intelligentsia estatal?


Tomás Rosada

Guatemalteco, lector, escuchacuentos, economista y errante empedernido. Creyente en el poder de la acción colectiva; en los bienes, las instituciones y los servidores públicos. Le apuesta siempre al diálogo social para la transformación de estructuras. Tercamente convencido de que la desigualdad extrema es un lastre histórico que hay que cambiar en Guatemala. Por eso, y sin querer, se metió al callejón del desarrollo, de donde nunca más volvió a salir. Algún día volverá a levantar el campamento y regresará a Guatemala para instalarse en el centro —allí cerquita de donde dejó el ombligo—, para tomar café, escribir, escuchar y revivir historias de ese país que se le metió en la piel por boca y ojos de padres y abuelos.

Mis cinco len

2 Commentarios

Ixmucane 17/03/2018

Mejor no lo habria podido decir nadie.

Asi q solo dire por el momento que es mas que cierto, lo de los ministerios de agricultura y el MAGA, son verdaderos dinosaurios, que en definitiva hay que actualizar, de acuerdo, a las demandas y necesidades del momento presente. Y solo esto, es urgente, ya que la importancia del agro es vital, en cualquier pais.

Solo me queda felicitar a Tomas Ricardo, por sus magnificos escritos.

    Tomas 17/03/2018

    Gracias por su comentario. Es así, la institucionalidad es necesaria para vivir en sociedad. Sin instituciones lo único que queda es el caos, como bien sabemos.

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