La maldita desigualdad

-Fernando Zúñiga Umaña / EN EL BLANCO

La desigualdad es resultado y a la vez causa de la injusticia social, es un fenómeno que degrada al ser humano y lo coloca como la peor especie del planeta. Las hienas comen en grupo, el rey león come primero y les deja al resto.

Imagen tomada de https://ichef.bbci.co.uk

Pensadores latinoamericanos de la década de los sesenta y setenta del siglo XX aclararon como las desigualdades explican la pobreza y el subdesarrollo, tanto entre países, como entre las personas. Es en las relaciones entre los centros y las periferias, donde se explota al trabajador e incluso a algunos propietarios de medios de producción de los países pobres. Eso incrementa los niveles de subdesarrollo. En otro nivel, son las oligarquías criollas, las que en los procesos de producción explotan internamente a sus propios trabajadores. Internamente hay tanta pobreza que existen los pobres y los extremadamente pobres. Hasta dentro de la pobreza hay desigualdades, fluyen en todos los niveles, ya que en los países ricoslas diferencias son enormes, incluso más que en los países pobres. Porque ese 1.0 % de la élite de estos países –los que irónicamente son admirados por sus autos, sus joyas, sus mansiones y sus gustos excéntricos– es dueño del equivalente a lo que posee el resto de la población.

Joseph Stiglitz, premio nobel de economía, es muy explícito al referirse a las peligrosas implicaciones de semejantes niveles de desigualdad. Advierte que si esta élite de supermillonarios utilizara su inteligencia, se daría cuenta fácilmente de que tal diferencia ni siquiera beneficia sus intereses y que debería hacer algo para remediarla. Mientras que una élite descansa en millones, la mayoría se empobrece. El peligro de estas élites es convertir esa fortuna gigantesca en un arma de doble filo, dado que esta élite se coloca en la cima de millones y millones de personas que han dado sangre, sudor y lágrimas para ver realizados sus sueños.

También afirma Stiglitz en su libro La gran brecha que la desigualdad es una opción. Y claro que lo es. Son las formas de organización social, política y económica, en las que se decide si se quiere ser o no ser más desigual. Picketty se refiere a la relación derecha/izquierda, la redistribución pura es aquella que desde la derecha se justifica, dándole la solución al mercado, a la iniciativa individual, al crecimiento económico, a la mayor productividad. Bajo este supuesto, la reducción de la desigualdad es una consecuencia del movimiento positivo de estas variables. Por otro lado, se presenta la redistribución eficaz, planteada por la izquierda; donde las soluciones se dan en la luchas sociales y llegando a “la médula del proceso de producción”, donde se ubican las relaciones que determinan una mayor participación de la fuerza de trabajo en la apropiación de riqueza. Fórmulas ya conocidas y que el marxismo ha explicado y resumido bajo el concepto de la lucha de clases.

Un enfoque social al problema de las desigualdades lo plantea Zygmunt Bauman en su libro ¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos? Para Bauman existe un profundo abismo entre los pobres sin futuro y los ricos optimistas, seguros de sí mismos y sin complejos, la profundidad de este abismo es de tal nivel que “excede la capacidad del explorador más esforzado y valiente para delimitarla en su totalidad”. Es una buena razón para preocuparnos, agrega el autor. Un autor que cita Bauman es Daniel Dorling, quien plantea principios de injusticia, los cuales se han metido profundamente en la mente de las personas, incluso de los pobres y menos favorecidos por el sistema social. Uno de ellos es que “el elitismo es eficiente” porque permite aprovechar las capacidades de pocos para aumentar el bienestar de muchos. Aceptar esto es decir: démosle oportunidad a la élite de usar las capacidades que nosotros no tenemos, y al final todos nos vamos a favorecer. Y si no nos favorecemos, ¡que viva la desigualdad! Incluso a nivel de países tenemos criterios parecidos. La periferia le dice al centro: ¡usted piense, invierta, innove, descubra, invente y exclúyame…luego yo me beneficio!

Los supuestos que establece Bauman y que fomentan la desigualdad se refieren al crecimiento económico, al crecimiento continuo del consumo, a la naturalidad con que se acepta la desigualdad y a la competitividad. El crecimiento económico es necesario para el consiguiente desarrollo y para la posibilidad real de que la igualdad sea una opción dentro de un sistema. Crecer y crecer, lo demás se resuelve como resultado del crecimiento. Premisa totalmente falsa. No hay desarrollo, no hay bienestar ni tendencia a la igualdad, si el crecimiento económico no se reorienta, si el producto de ese crecimiento no se redistribuye. Justicia en la tributación, mejores salarios, mejor educación, salud, cultura, de lo contrario se dará una mayor desigualdad, porque los beneficios del crecimiento los acumula la élite. La maldita desigualdad se incrementa porque se alimenta de la avaricia de la élite.

Por supuesto que el consumo desenfrenado es un factor clave para el crecimiento y por lo tanto para la desigualdad. Como bien lo señaló J.M Keynes en la crisis depresiva de los años veinte del siglo XX, la propensión marginal a consumir es la variable que mide el nivel de consumo, si de cada dólar que recibo, gasto 95 centavos, mi propensión marginal a consumir es de 0.95, me quedan 0.05 centavos para el ahorro. Si en promedio así actúan todos los consumidores, $ 1 de ingreso, por medio del multiplicador del consumo se convierte en $ 20 de ingresos para diferentes agentes económicos. [1] Es el consumo el que, desde esta perspectiva mueve la economía. Y por supuesto que las intenciones mediáticas son que debemos convertirnos en máquinas de consumo, al contado o a crédito, superando incluso la capacidad presupuestaria real. El consumo se ha convertido prácticamente en un sinónimo de felicidad y las empresas se estructuran para promocionar el consumo. En el sistema capitalista de libre mercado, el consumidor es soberano, aunque sabemos que cuando se ven reducidas sus capacidades financieras, pasa de ser soberano a ser un cliente molesto. En esa esfera del consumo es donde se acentúan las diferencias, las empresas lo saben. Muchos consumidores no saben que cuando dan su nombre y su número de identidad para consultar sobre un bien o servicio, hay una persona que está viendo en la pantalla toda su información y la clasificación financiera en una escala de desigualdad pura. La maldita desigualdad toma su forma a través del fetiche de la mercancía. Si en vez de cliente A, eres C, o en vez de C eres D o F… hay seguridad de que el trato recibido difiere sustancialmente.

Hoy en el capitalismo, las desigualdades presentan diferentes facetas, existen los supermillonarios, los millonarios, los ricos, los medios altos, los medios bajos, los pobres y los extremadamente pobres, todos. El ser humano contemporáneo se ha adaptado para ver la desigualdad como algo natural; igual que en los regímenes de esclavitud o feudalismo era natural el estatus de esclavo o de siervo. El mismo hecho de aceptar naturalmente la desigualdad coadyuva a que exista en la mente de las personas, la posibilidad de ascender en esa escala, de creer que el sistema le ofrece un abanico de oportunidades para ascender, de esa manera es como se mantiene la esperanza y se cree en el sistema.

Al final de cuentas, la lógica del sistema de acumulación de capital va marcando la pausa, 1.0 % de la élite acumula y acumula, la riqueza se multiplica. Como se expuso al principio, la desigualdad es una opción, muchos gobiernos han querido luchar contra ella y no se les ha permitido, se les boicotea desde los centros, se les bloquea, otros gobiernos la han dejado crecer, la alimentan la acarician y la arrullan.


[1]: Si b es la propensión marginal a consumir, el multiplicador del consumo sería 1/1-b.

Bibliografía:
Bauman, Zygmunt. ¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos? España: Paidós, 2014
Picketty, Thomas. La economía de las desigualdades. Argentina: Siglo XXI editores, 2015
Stiglitz, Joseph. La gran brecha. España: Taurus, 2015

Imagen: Ciudades pobres por Fernando Zúñiga

Fernando Zúñiga Umaña

Estudioso de la realidad económica. social y política nacional e internacional. Economista de formación básica, realizó estudios en la Universidad de Costa Rica, estudió Ciencias Sociales en FLACSO México. Durante más de 30 años laboró en la Universidad Nacional de Costa Rica. Economista, máster en Ciencias Sociales y doctor en Ciencias Económicas y Empresariales. Actualmente es director del Doctorado en Ciencias de la Administración de la Universidad Estatal a Distancia de Costa Rica. Además, labora como consultor privado en el campo de la investigación de mercados, estudios socioeconómicos e imparte cursos de macroeconomía e investigación.

En el blanco

2 Commentarios

Federico Li Bonilla 19/09/2017

Excelente abordaje de la acumulación canivalesca del neo capitalismo y la gran desigualdad mundial.

Luis Bonilla 16/09/2017

Doctor.: gracias por sus esclarecedores aportes al tema de la desigualdad. Saludos. Luis Bonilla

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