La madre de todas las batallas

-Jorge Mario Salazar M. / PALIMPSESTO

Durante las últimas semanas, pareciera que en Guatemala se estuviera librando una batalla fundamental para el desarrollo de la democracia o, en su contrario, el Estado fallido. Afirmación que contrapone expresiones poco comprendidas por la ciudadanía común y corriente pero que expresa un ideal de justicia, equidad y desarrollo, en el marco de un Estado reducido a la vigilancia y tutelaje de los Derechos Humanos y la regulación de las leyes de mercado. Esta democracia reducida no significa ningún tipo de socialismo, sino una amplia carretera para que los individuos y empresas puedan desarrollarse de acuerdo con sus intereses y capacidades, a través de un sistema de intercambio libre de obstáculos y distorsiones. Este es el modelo de Estado liberal que establece la Constitución Política que nos rige en la actualidad.

En contraposición a ese modelo, lo que se desarrolló en el país desde 1985 fue una mueca grosera de democracia para unos pocos que se fue cayendo por pedazos desde el primer momento, con el gobierno del Partido Democracia Cristiana. Cinco intentonas de golpe de Estado, asesinatos de personajes clave y una guerra mediática contra todos los actores políticos de ese primer gobierno constitucional. Durante ese mismo período, el Ejército logró mantener una ofensiva antiguerrillera contra la población civil especialmente en el campo, mientras que en la ciudad los asesinatos selectivos y las desapariciones forzadas se siguieron produciendo en el marco de lo que llamaron guerra de baja intensidad.

La administración pública se fue poblando de militares vestidos de civil, graduados en la Universidad Francisco Marroquín, que sembraron en las instituciones el pensamiento de los Chicago boys y así comenzó el boicot antiestatal de la antipolítica. Desde dentro del Gobierno se hizo predominante la idea de que todo lo estatal es ineficiente. Había que privatizar la telefonía, Aviateca, Indeca, la Empresa Eléctrica. Esa fue la agenda obligada por el Fondo Monetario Internacional replicado desde dentro por una burocracia militarizada e ideologizada, fue el inicio del enriquecimiento de los políticos. Las campañas electorales se convirtieron en la fiesta de los millones, con fondos que llegaron sin control a los bolsillos de los políticos.

Desde ese estreno a la vida civil del país en 1985, se produjo una democracia de fachada, dominada por gánsteres, intereses multimillonarios, pactos oscuros y ausencia de políticas públicas e impunidad de criminales de guerra, asesinos a sueldo, golpistas, nuevos ricos a costas del Estado y ocultamiento de delitos comunes. El signo principal de la política fue corrupción e impunidad. El abuso de poder se convirtió en el objetivo de los políticos y la sociedad lo aceptó como algo normal. “Que roben pero que hagan obra”, fue el epitafio de la lápida con la que se cerró su tumba.

El funcionamiento corrupto de la política y el Estado quedó al descubierto desde entonces y solo nos hemos permitido reciclar políticos en procesos electorales más ilegítimos sin opciones programáticas diferentes. Esto es lo que pareciera estar a punto de cambiar.

En estos momento ha irrumpido una sociedad civil investida por una nueva fuerza moral que ya no tolera más politiqueros con intereses oscuros. Hoy, las y los guatemaltecos nos encontramos a punto de derrotar esas fuerzas oscuras que han pergeñado el mal a lo interno de la administración pública. Doscientas mil personas lo gritaron ayer en las plazas de todo el país con el apoyo de millones de ciudadanos. No más corrupción. No más impunidad. No al Estado fallido.


Fotografía tomada de Nómada.

Jorge Mario Salazar M.

Analista político con estudios en Psicología, Ciencias Políticas y Comunicación. Teatrista popular. Experiencia de campo de 20 años en proyectos de desarrollo. Temas preferidos análisis político, ciudadanía y derechos sociales, conflictividad social. Busco compartir un espacio de expresión de mis ideas con gente afín.

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