La caravana de migrantes

Bienvenido Argueta Hernández | Política y sociedad / DANZA CÓSMICA

En el Triángulo Norte de Centroamérica, los procesos democráticos han sido un fracaso. El sistema político ha sido cooptado por las cúpulas que históricamente se han beneficiado de la articulación de un Estado que sirve a sus intereses de enriquecimiento, dejando de lado políticas de beneficio público. Los grupos que tradicionalmente han sido denominados de izquierda, luego de su participación en movimientos que buscaban la constitución de estructuras del poder más simétricas, solo han utilizado la figura de las votaciones para fortalecer el sistema plutocrático al que anteriormente se oponían. Esto significa, en realidad, que los procesos de paz se construyeron sobre la base de mayores espacios para las élites urbanas en detrimento de la mayoría de la población.

Más allá de encontrar explicaciones en financiamientos para la actual caravana de migrantes centroamericanos, debemos encontrar respuestas de sus causas en nuestros sistemas políticos y económicos. En este sentido, los índices de pobreza en nuestra región son del 69 % para la población en Honduras, 60 % en Guatemala y el 38 % en El Salvador. Las dimensiones de la pobreza son tan elevadas que uno esperaría políticas sociales sistemáticas y de largo alcance, pero esa no es la situación. Por el contrario, observamos que la mayoría de la población joven no tiene oportunidades de trabajar o estudiar.

Además, debemos someter a crítica el nivel de intervención norteamericana y las secuelas que hemos tenido del impedimento para legitimar propuestas locales y, por el contrario, lo que se avala son los imperios de la impunidad, el saqueo, el trasiego de drogas y la corrupción. La instauración de mecanismos del fortalecimiento del sector justicia, asociados a los sistemas de elección popular como la Cicig, y que en mediano plazo abrían esperanzas de mejores condiciones de construcción de un régimen democrático, se han quebrado. El respaldo de las administraciones de Estados Unidos al golpe de Estado en Honduras y, recientemente, al desmantelamiento de la Cicig en Guatemala solo contribuyen a socavar las bases para promover el desarrollo y finalmente precipitar la desesperación de nuestras poblaciones a migrar hacia el norte.

Al observar los números de los migrantes de Guatemala, Honduras y El Salvador deportados en México, podemos indicar que los intentos para llegar a Estados Unidos, lejos de reducirse sustancialmente, más bien se han mantenido. Actualmente, hasta los sectores más empobrecidos que en el pasado no tenían recursos para emprender el éxodo, intentan llevar a cabo la travesía pase lo que pase; al final de cuentas, su situación ya es insufrible y las condiciones de vida dentro de sus países atentan contra sí mismos y sus familias.

El dilema real para los países del Triángulo Norte es que sus decisiones dependen en gran medida de Estados Unidos. En ese centro álgido de toma de decisiones no se tiene claridad de cómo llevar a cabo los cambios para detener la migración. Más allá de enviar a la policía o el ejército a controlar las zonas fronterizas, seriamente se debe fortalecer los sistemas de justicia, renegociar los acuerdos con nuevos actores, fortalecer el sistema político y respetar las decisiones en beneficio del desarrollo social de la región centroamericana.


Bienvenido Argueta Hernández

Aprendiz permanente de los relatos encantadores de las gentes y explorador de las historias que nos muestran mundos diferentes entretejidos entre poesía, cuentos y pinturas. Me gusta jugar, subir volcanes y cruzar arroyos, recorrer laberintos y ser capaz de observar estrellas, paisajes y sonrisas. Escucho jazz o rap y en los intermedios hago investigación social y escribo sobre filosofía y educación.

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