Jefes incompetentes: idóneos y convenientes

Vinicio Barrientos Carles | Política y sociedad / PARADOXA

La peor desdicha del trabajador es que el azar le depare estar subordinado a un mal jefe
Jorge González Moore

Entre las prácticas fundamentadas en el abuso de poder, destaca de manera sobresaliente la promoción y la colocación de jefes incompetentes para un determinado puesto, lo cual siempre corre en forma paralela a la persecución de otros fines, para los cuales estos malos jefes cumplirán a exactitud los funestos objetivos para los que han sido idóneamente seleccionados. ¿De qué se trata todo esto? Resulta que en el tráfico de influencias se tienen siempre metas ocultas e intereses subyacentes que se logran en demérito de aquellos otros para los cuales las instituciones existen. De ahí que se trate de una de las formas de corrupción más enraizadas y escondidas dentro de los sistemas gubernamentales o en la empresa privada. El logro de los objetivos paralelos siempre será prioritario a las agendas nominales, y responden a fuerzas obscuras que se manejan debajo de la mesa de los acuerdos, cuya naturaleza es antípoda a la trasparencia y contraria a la efectividad en los sistemas de comunicación.

En el fondo, existen personas que, siendo pésimas como jefes o directores, pueden resultar excelentes para otras finalidades parainstitucionales que benefician los actos de corrupción. La ineptitud de un jefe puede ser el vehículo ideal para el logro de ciertos fines obscuros o grisáceos, tales como el entrampamiento de algo que no se quiere que camine eficientemente. Esto es característico en la cooptación del Estado, en donde los intereses políticos del momento exigen medidas que nominalmente cumplan con lo establecido en la ley, pero que funcionalmente sean imposibles de llegar a feliz término, fundamentalmente gracias a la ineptitud de algunos individuos que serán colocados al dedo para tales propósitos. Así, una jefatura descargada en una persona incompetente será una salida viable a muchos embrollos que determinada unidad o departamento podrían causar, si estos funcionaran como originalmente se ha diseñado. En cualquier caso, existen signos reveladores que indican cuando un profesional no se encuentra preparado para desempeñarse en las funciones que se le encomiendan, y el común denominador siempre será la prepotencia y el abuso de autoridad que expresan de muy diversas formas.

Imagen por Vinicio Barrientos Carles, con frases tomadas de El nuevo día.

En este sentido, hay jefes de todos tipos, tamaños y colores, que podrían ser ejemplificados en diversifdad de formas. En total abstracción de género, edad, clase, condición o situación particular, sabemos que los jefes responden a particulares tipologías, sin importar si se trata de hombre o mujer, joven o mayor, nuevo en el trabajo o harto en experiencia, siempre podremos presentar casos de notable interés. Ante estos, vale abandonar una actitud caeteris paribus, sino por el contrario, asumir la factibilidad de realizar cambios radicales en nuestra forma de concebir nuestro trabajo y las relaciones intralaborales en el mismo. En suma, rebelarnos taxativamente ante ese dicho funesto que reza: «Si el jefe te dice que eres conejo… tú brincás».

Imagen por Vinicio Barrientos Carles, con frases tomadas de Al día.

En Guatemala existen formas endémicas de abuso de poder, en vista de nuestra historia y de los resabios pseudofeudalistas de un patrimonialismo de primer orden, en el cual seguimos visionando al cacique por encima de la institución. Sin embargo, estos caciques o jefes autocráticos dependen de la obediencia de sus subalternos y de los mecanismos de premio–castigo que ellos impulsan, fomentando el chisme, la traición a los principios laborales de equidad, el espaldarazo a la ética profesional y a otras malas prácticas dentro del clima organizacional. Así, se establece una lucha dialéctica entre el jefe y el subordinado, que se resuelve en una gran cantidad de situaciones mediante la práctica sistemática de cortar las cabezas de aquellos colaboradores que por una u otra razón representan una terrible amenaza al statu quo de tal modalidad de trabajo. Dos son los enemigos mortales de este tipo de figura autocrática: por un lado, una sobresaliente competencia profesional, que deriva en autonomía de acción, y por el otro, una ética laboral incorruptible, lo que conlleva el juicio crítico y reflexivo ante el abuso y la imposición de criterios.

En nuestro contexto de país, aún «pasando por encima de las cabezas» de aquellos que osan atentar contra el stau quo (frase acuñada por Álvaro Arzú en sus últimos discursos, refiriéndose a la molesta intervención de periodistas guatemaltecos), debe apuntarse que una guerra como esta que libramos contra la corrupción no tendrá resultados definitivos en el corto plazo, sin embargo , sin lugar a dudas, y a pesar de los caídos, se verán ya en el mediano plazo los avances y las victorias de aquellos que en el día a día damos lo mejor de nosotros mismos en contra del abuso y la impunidad de las ilegalidades que se cometen.

A su vez, existe el beneplácito de una actitud positiva y suficiente para sacar provecho de todo tipo de desventura, permaneciendo claros que siempre será posible obtener grandes beneficios de una situación laboral contraproducente, y específicamente aquella provocada por un pésimo director, cuya jefatura le queda muy grande para sus posibilidades actuales o potenciales. En cualquiera de todos los casos, los aprendizajes y el crecimiento será de aquellos que asuman la actitud ganadora, partiendo del vaso medio lleno, concentrándose en aquello que falta por hacer.

Imagen tomada de Wisestep.

Finalmente, cabe reparar en que la competencia o ineptitud de una cierta persona en un determinado puesto de dirección es punto medular para el éxito de todo el equipo profesional involucrado, así como de toda la empresa que se persiga realizar, y por ello es crucial la elección de buenos directivos. A todos nos consta, en diversidad de experiencias, cuan patético y nefasto puede resultar tener un mal jefe. Sin embargo, en la función pública debe existir una particular responsabilidad para evidenciar la incompetencia de alguno, pues esta redundará en perjuicio de todos los ciudadanos que sostenemos el sistema y que, en primera y en última instancia, seremos los perjudicados por su mala gestión. Más aún en aquellos que bajo el infortunio de trabajar para estas personas no preparadas para un cargo, tienen alguna posibilidad de cambiar tales situaciones, primero, con su profesionalismo y calidad en el trabajo que se les encomienda, y segundo, y no menos importante, por la línea ética que en todo momento deben sostener, aún ante las presiones que estos malos jefes puedan ejercer, movidos por sus intereses personales y por las agendas políticas de aquellos que los han colocado en una posición de poder para perpetuar acciones de corrupción, o en el menor de los casos, otras que responden al nepotismo, los favores del caciquismo y las heredades de una visión patrimonialista y feudal.


Imagen principal tomada de la serie Quino: Yo no fui y a mí no me grite.

Vinicio Barrientos Carles

Guatemalteco de corazón, científico de profesión, humanista de vocación, navegante multirrumbos… viajero del espacio interior. Apasionado por los problemas de la educación y los retos que la juventud del siglo XXI deberá confrontar. Defensor inalienable de la paz y del desarrollo de los Pueblos. Amante de la Matemática.

Paradoxa

0 Commentarios

Dejar un comentario