Izquierda izquierda, derecha derecha, adelante detrás, ¡un dos tres!

-Brenda Lara Markus / ¿QUIÉN, QUÉ Y POR QUÉ?

Para la generación X guatemalteca, el título de este texto nos remonta a la infancia, eran los españoles Enrique y Ana quienes amenizaban nuestras fiestas infantiles. En lo particular, esta canción, como muchas de ellos, nunca se me borró, pero sobre todo el coro, pues la frase “izquierda y derecha” me atormenta desde hace un tiempo, no comprendo cómo el ser humano, habiendo logrado un gran avance científico, no logra el avance humano.

Muchos sabrán de sobra lo que estoy a punto de tratar de resumir, pero creo que es importante hacerlo llegar de muchas formas y constantemente para no olvidarlo, o dirigir estas palabras un poco más “masticadas” a nuevas generaciones o a personas que recién se integran a estas “luchas” con un poco de más conciencia. No pretendo un lenguaje académico, por el contrario, creo que es necesario recurrir a lo que muchos mencionan constantemente, la hermenéutica para llegar a mayorías.

Nuestras crisis no llevan el nombre solamente del bando opuesto, de hecho, son parte de nuestro ADN. El ser humano trae consigo la necesidad de competir, de demostrar ser mejor o dominar. Al igual que los animales, esa dominación se ve desde la fuerza física, la reproducción, los sonidos, pero al humano se le agrega la competencia en capacidad mental, la estrategia, el análisis, la inteligencia y la opinión. Por eso se dice que la izquierda es humanista y racional, pues resalta las cualidades humanas, y la derecha está basada en la fuerza, pero ambas buscan lo mismo, prevalecer y tomar el control.

Quienes han identificado estas carencias para aportar a la articulación, han hecho notar que estos comportamientos pueden ser cambiados con la educación y la cultura. Indican, además, que hay una esperanza para cambiar el mundo y es desde los primeros años de vida, cuando se demuestra que junto a la competencia el humano no trae prejuicio alguno, pero que al crecer toma formas impuestas por su entorno y elige señalar diferencias y “hacer de menos” a quienes son de diferentes capacidades.

En nuestra calidad humana, no podemos tampoco despojarnos de la política, es innata también y es posible que sea en lo que más notamos esa competencia, las divisiones son apasionadas, pero no todas practican la lealtad. Aunque hay que reconocer que en la división derecha/izquierda, aunque actualmente la diversidad nos hace la corrección de llamarla derechas/izquierdas, las derechas conocen mejor este término y lo practican, las izquierdas no. Es posible que la razón sea que las derechas han predominado por más tiempo en el mundo y las izquierdas han intentado por siglos tomar el dominio, pero solamente lo han logrado por pequeños lapsos y su hambre de dominación crece, al punto de “comerse” entre ellas mismas.

Guatemala no es la excepción, aunque posiblemente aquí esto es un poco más agudo de lo normal, pues el conflicto armado dejó mucha frustración ideales traicionados y mucha ira. Es posible que aquí haya una fuerza aplacada, sobre todo porque en las izquierdas es donde se tiene la producción intelectual, no se entregan por completo a la violencia y la fuerza, y no han logrado nivelar ambas virtudes. Las derechas se enfocan en la producción material, científica y la fuerza desmedida con el instrumento militar, apuestan a la represión y violencia.
Entonces es posible que en las izquierdas esa competencia multiplique sus objetivos, la dominación en gobernanza y la intelectual. Se ve muy bonito eso de levantar el puño izquierdo y hablar por un megáfono, pero las cosas van más allá.

Aunque las diferencias pueden ser muy marcadas, hay varios aspectos que utilizan ambas, uno de esos es la desacreditación y el ataque personal, emocional, derribar al enemigo por lo que más le duele, es aquí donde entra la lealtad. Las derechas protegen y reconocen la grandeza de sus diferencias con los de su especie, las izquierdas “pelean” con los mismos de sus grupos, los destrozan, es tan contradictorio pues se supone que son los intelectuales, pero su sed de destacar es tanta que no notan que su debilidad como ideología viene de esos vicios primitivos. Esto está plenamente identificado por las derechas, de hecho, fue una de las tácticas utilizadas en el tan reciente conflicto armado (reciente en en comparación a otros países y el poco avance en justicia), lograron poner “de punta” a los pueblos indígenas, agudizar esas rivalidades heredadas desde la conquista. Y tuvieron éxito, tanto que vencieron, pues hasta “la firma de la paz” fue una grandiosa estrategia de desmovilización.

Cando se tiene un conflicto armado tan reciente, como en cualquier trauma o caos, no se logra ver más allá que la necesidad de justicia. El bando “herido” y vencido no logra cerrar esas heridas, pues el bando opresor y vencedor, no lo permite. Probablemente porque sabe que cuando haya sanación habrá reconciliación o peor aún, fortalecimiento de ese bando opuesto al que domina.

La desconfianza reina entre el bando herido, pues parte de la derrota fue la traición, y volvemos al término lealtad, que no se toca usualmente como valor importante, ni siquiera en la formación de nuestros niños, menos en la formación de instrumentos políticos o ideológicos.

Las izquierdas son tan conscientes de su derecho a ejercer opinión que validan la crítica como forma de crecimiento, mientras no ataquen las ideas propias o le reste crédito al que las genera, porque entonces la ofensa va más allá de lo racional, se convierte en personal y todo se viene abajo. La sensibilidad del humanismo de las izquierdas resalta. Todo ese proceso horizontal no ha sido comprendido en su totalidad. Las derechas obedecen a esos llamados “tanques de pensamiento”, lo ven como una absoluta verdad y se ciñen a eso, a ojos cerrados, sin cuestionar, a eso le llaman lealtad y disciplina o verticalidad, una forma más rápida de organización y es otra de sus ventajas.

Desde la desmovilización, las izquierdas de Guatemala alimentaron muchos aspectos negativos, entre ellos la rivalidad, utilizando términos como “unidad” o “articulación” como eslóganes partidarios o pantallas para lograr un liderazgo. Muchos grupos, en dobles discursos, se atreven a hablar de “igualdad” como si fuera un descubrimiento similar al del agua azucarada, siendo los primeros en discriminar a los pueblos indígenas y campesinos. ¡No, estás equivocada, tenemos políticas que los incluyen!, me respondieron una vez, y sí, es posible, los incluyen pues también el término “incluyente” está de moda, pero no los toman en cuenta para la construcción de esas novedosas políticas. Debilidad observada por las derechas, quienes utilizan sus eslóganes comerciales, en sus prósperos monopolios, ¡perdón! empresas, usando lemas como “Guatemorfosis” o “Todos somos Guatemala”.

El discurso de “todos somos iguales” no se materializa, ni en derechas ni en izquierdas y volvemos al origen de todo, esa creencia de poder dominar al diferente, al débil, sobre todo cuando somos un país adoctrinado por europeos que nunca lograron en realidad dominar a los pueblos indígenas, solamente han tenido el poder económico, que no significa dominación y lo saben. La esencia de los pueblos nunca fue conquistada y esa fortaleza les estorba para los fines que al saqueo conciernen.

La deslealtad también existe en esos pueblos indígenas, la cual es histórica, recordemos las rivalidades entre quichés y cakchiqueles que persiste en la actualidad y se visualiza en la resistencia a unir fuerzas en las actuales luchas. Pero no solamente es por esa rivalidad histórica, hay motivos económicos, pues algunos de los pueblos se han organizado para tratar de incidir en los gobiernos y conseguir un poco de equidad, pero para ello han tenido que recurrir a ayuda internacional. De nuevo los europeos. Algunas de esas organizaciones iniciaron, pero renunciaron a las ayudas cuando notaron que sus intenciones se veían un poco desviadas por intereses de quienes aportaban a sus logros. Otras se acomodaron a esta forma y continuaron moviendo a sus simpatizantes, tratando de conseguir más de algo, pero siempre con un poco de esos intereses, que aunque no son nocivos, dejan de ser auténticos y se vuelven un tanto egoístas. Además, necesitan “hacer” para continuar obteniendo las ayudas, demostrar movilización y, en esa jugada, desacreditan a quienes decidieron alejarse de esa forma de financiamiento, incluso, secuestrando sus ideas para presentarlas como propias, tomando delanteras o liderazgo para tener reconocimiento y cheques constantes.

Pero esto no sería grave si no hubiera esa desacreditación entre ambas formas de lucha o no se intentara apagar los logros de quienes traen una lucha auténtica. Este es un reflejo de lo descrito anteriormente, ese no poder avanzar en humanidad.

Varios grupos “ladinos”, aunque prefiero llamarles mestizos, han intentado mediar estas diferencias, sin éxito, pues muchos comprenden la importancia de esa verdadera unidad que el país pide a gritos para lograr avanzar y, aunque pocos, comprenden y reconocen la experiencia y sabiduría de los pueblos indígenas, no digamos de los que poseen una auténtica forma de organización.

Cabe resaltar que la palabra “liderazgo” es más usual para los empresarios de derechas en su trabajo vertical, por lo que las izquierdas que desvían en eso su horizontalidad, se contradicen. Esperan un líder, pero en el momento en que brilla alguno, lo destrozan, pues es su naturaleza ser críticos. Esto, aunado a su sed de destacar, los estanca

Pero en todo caso, en la actualidad estas divisiones se ven ya desgastadas y primitivas ante la necesidad del reconocimiento de la diversidad de Guatemala, que, sin ser un país hecho de migrantes, ha conservado su esencia y sus diferencias.

Regresando a esa canción de infancia, ya no deberíamos tomar en cuenta la primera parte del coro “derecha derecha, izquierda izquierda…”, sino la segunda “adelante detrás, ¡un dos tres!” Analizar lo que nos ayuda a ir hacia adelante y no hacia atrás, y lograr realizarlo en “un dos tres”, pues nuestros ecosistemas lo exigen, ya que parte de la conflictividad que origina nuestra actual crisis es el saqueo de la naturaleza y el despojo de tierras. Pero, mientras estas luchas se vuelven ideológicas, esos mismos “europeos y gringos” siguen manejándonos y riéndose de cómo, en lugar de notar que somos millones los que podríamos manejar una sola agenda no manipulada, enfocada en la recuperación y adecuada distribución de nuestras tierras, y en la conservación y respeto de nuestra diversidad, la indignación está centrada en los 158 legisladores

Es por eso que apuesto por dejar de entretenernos en reformas que solamente ponen un “parche” y alimentan pequeños egos, y enfocarnos en cambios de fondo. Un país no puede avanzar si no se actualiza y nuestra Constitución necesita ser actualizada y adecuada a las necesidades que hoy son más evidentes. Tal y como las empresas capacitan a su personal y actualizan sus procesos de producción, así necesitamos un reset de nuestras leyes, haciendo un consenso nacional: UNA ASAMBLEA POPULAR Y PLURINACIONAL CONSTITUYENTE ES URGENTE.

Propongo que busquemos el consenso entre los grupos que tienen este mismo fin común. Como ciudadana recomiendo dejar atrás los rumores y la desacreditación de organizaciones como Codeca, quienes han sido acusados de ladrones, pero que en realidad son los únicos que han tomado en serio, hasta ahora, esta propuesta que reúne a todos los pueblos y trae un avance en el tema, que es la razón de mayor peso para eliminarlos de “la jugada”, pues su propuesta, urgente y necesaria, viene a mover todo lo establecido. Que sea un gobierno provisional el que ordene la realización de esta gran asamblea, que por primera vez en nuestra historia se tomen en cuenta y se reciban los puntos de vista de todos los pueblos, para así lograr caminar un sendero más justo y adecuado a cada necesidad, respetando la diversidad y riqueza que hace de este país un lugar lleno de luz.

Brenda Lara Markus

Mujer y madre guatemalteca. Estudiante de Filosofía, actriz y locutora.

¿Quién, qué y por qué?

2 Commentarios

Rolando Echeverria 18/09/2017

Me parece interesante el enfoque. Siempre existe el peligro de identificarse con una ideología y desde ella juzgar la situación del país o de la sociedad, lo cual impide a veces la objetividad en el análisis. Por eson es importante la apertura al diálogo, que significa escuchar al otro, atender a sus razones, valorar sus argumentos, sin cerrarse en la propia posición ni mucho menos casarse con los propios prejuicios.

Julio César Santos 18/09/2017

Un artículo muy relevante y lúcido que toca la médula de nuestro problema racial y de clase.

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