Hoy hubiera cumplido años mi hermano

Ruth del Valle Cóbar | Política y sociedad / HILANDO Y TEJIENDO: MEMORIA Y DERECHOS HUMANOS

El 6 de abril de 1958 nació Julio César del Valle Cóbar, un niño despierto y curioso, algo llenito y de ojos grandes, que era bien alimentado por mi madre y sobrealimentado por el resto de la familia, una tía y la abuela que no permitían que llorara, porque allá iba la pacha para adentro.

Julio destacó siempre por su inteligencia, su bondad y su curiosidad. Desde pequeño fue abanderado en la escuela y muy querido por sus maestras. Era nuestro ejemplo familiar, cuando dirigía nuestros juegos, muy intelectuales por cierto, ya que era un asiduo lector.

Siendo muy pequeño, mis padres le compraron una enciclopedia histórica, donde fue conociendo la mitología griega y romana, con cuyas historias le encantaba hacernos jugar a los otros tres hermanos más pequeños. Había inventado un juego que llamaba «huevos», en el que todos debíamos ponernos enroscados en el suelo, y cuando él daba la señal, debíamos irnos abriendo y expresando de alguna forma que hiciéramos saber a los demás qué personaje de la mitología éramos… la idea era como un juego de roles de dioses y diosas romanos y griegos. Como él leía tanto, nos hacía leer a nosotros y nos leía y explicaba también.

Otro de mis recuerdos era cuando pasábamos las vacaciones, Semana Santa o Navidad en la casa de los abuelos paternos en la costa sur del país… él no era mucho de subirse a los árboles o meterse a nadar en las pozas de los ríos, sino que prefería sentarse en la sala de la casa a leerse todos los libros que ahí encontraba; una de mis tías también había hecho sus esfuerzos económicos para comprar colecciones de joyas de la literatura que impresionaban a cualquiera con sus pastas duras, letras doradas e interior lleno de historias fascinantes. Al sumergirnos en sus páginas, olvidábamos el calor sofocante de los días de la Semana Santa.

Esa ansia de conocimiento siempre llevó a Julio a buscar más y más, a enterarse de la triste realidad del país y la miseria de la gente que vivía en los pueblos. Una vez recuerdo que estábamos en ese lugar de la costa cuando andaba el ejército llevándose gente «para el cupo» (detenían jóvenes hombres para llevarlos a hacer el servicio militar obligatorio, pero muchas veces sus familias no sabían qué había pasado con ellos); alguno de los vecinos lo vio y le avisó a mi tía, quien con muchas dificultades logró rescatarlo de las manos del ejército.

La vida nos marca siempre el camino que debemos recorrer, no hay manera de evadir lo que nos corresponde… como dicen: «cuando te toca, aunque te quites; cuando no te toca, aunque te pongas».

Y eso pasó con Julio… le tocaba ser una persona consciente, diligente, luchador por las causas nobles: la paz, la democracia, la justicia social, combatir la intolerancia, el racismo, la discriminación, el autoritarismo…

Por eso se hizo maestro, por eso estudió economía en la Universidad de San Carlos (no podría haber pensado en otra carrera o en una universidad privada). Por eso dio su vida tan joven, desde siempre preocupándose por las demás personas. Siempre soñando con un mundo mejor. Siempre construyendo realidades sociales más justas.

Muchos años después de haber sido torturado y asesinado por las fuerzas militares y policiales de este país, he escuchado a muchas personas referirse a él con cariño, con reconocimiento, con nostalgia… Se le extraña, hace falta en nuestras vidas…

En estos tiempos convulsionados del país, con elecciones en puerta, con políticos y políticas corruptos que han hundido a nuestra Guatemala, muchas veces pienso en Julio y en otros y otras que dieron sus vidas luchando por la libertad, la paz, la democracia y la justicia… y me pregunto ¿dónde estarían? ¿Qué estarían haciendo? ¿Qué tal sería si gente como ellos y ellas nos gobernaran? Seguramente nuestro país crecería, desarrollaría y tendríamos mejores condiciones para todos y todas.

Y, aunque parezca que los militares y los poderosos ganaron al privarnos de personas tan lúcidas y luchadoras como todas las que murieron en los años del llamado conflicto armado, no es cierto. No ganaron nada, es cierto que hundieron a Guatemala en el fango, pero tarde o temprano el pueblo tomará conciencia y se levantará para construir una patria mejor… la noche nunca es eterna.

…un día se abrirán las grandes alamedas
Por donde pase el hombre [y la mujer] libre.
Salvador Allende


Fotografía proporcionada por Ruth del Valle.

Ruth del Valle Cóbar

Feminista, defensora de derechos humanos, investigadora social, constructora de mundos nuevos. Ha pasado por las aulas universitarias en Ciencia Política, Administración Pública, Psicología Social, Ciencias Sociales. Transitado del activismo social al político, incluyendo movimientos sociales, organizaciones sociales, entidades gubernamentales y del estado.

Hilando y tejiendo: memoria y derechos humanos

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