Género en la educación: una construcción social

-Luis Enrique Morales / OTREDAD Y EDUCACIÓN

Hace unos meses, una catedrática de la universidad irrumpió el silencio de la clase preguntando si creíamos en una sociedad igualitaria. Luego con voz firme dijo que todo era una construcción social. Continúo explicando que sus estudios estaban enfocados en la construcción del machismo dentro de las organizaciones. En su investigación, realizada dentro de una estación de policía, descubrió que los hombres entre hombres eran más rudos, albureros, competían con levantamiento de pesas. Logró observar que con las mujeres policías, esos hombres no albureaban, no competían y no eran rudos. También logró ver que quien hacía una broma para un hombre a una mujer, era mal visto.

Ese mismo día, de regreso a casa, caminando por la calle había una manifestación feminista, iban dos mujeres con una pancarta que llevaba inscritas las frases de Simone de Beauvior: «No se nace mujer: llega uno a serlo». Al mismo tiempo otra pancarta con el símbolo de la ONU presentaba una estadística que resumidamente decía que 1 de cada 3 mujeres ha sufrido de violencia física.

Con el irremediable poder del tiempo, me olvidé de aquello. Pero hace unos días, cuando regresaba a casa sentado en el tren recordaba un poema de Vania Vargas, Hay días que me acuerdo de dios, y me rompí cuando repetía:

…y que quizá tampoco me basten
cuando vuelva a topármelos
en un a esquina cualquiera
y por última vez los escuche
cargar sus armas
a la altura de mi vientre
o de mi sien
y no quede historia
ni miedo
solo esta soledad
sobre el asfalto
hecha mil pedazos.

Entonces recordé a la catedrática, a las feministas y la idea de que todo es una construcción social, pensé también en cómo se construye la diferencia de género dentro de la escuela. A pesar de que no es algo nuevo, existen miles de estudios sobre el tema, como En klass för sig de Fanny Ambjörnsson.

Primero empecé recordando todos los colegios para mujeres y los colegios para hombres, no se diga de los institutos en Guatemala. También pensaba no solo en el uso de uniformes, donde las niñas deben llevar falda más abajo de las rodillas y los niños deben llevar pantalón bien planchado. Las nenas con calcetas altas. Las niños juegan peleítas y las niñas no. Los hombres deben comportarse como hombres, es decir ser fuertes emocional y físicamente, mientras que las mujeres como mujeres, ser frágiles emocional y físicamente. Las niñas no escupen, los niños está bien que escupan porque son niños. Las señoritas no deben decir palabrotas pero los jovencitos están bien. Y se podría seguir nombrando la cantidad de imperativos categóricos que se viven dentro de las instituciones educativas en Guatemala, que no solo construyen la diferencia de género sino que también se les enseña a nuestras niñas que ellas son el «sexo débil».

Esa manera tan particular de educar a nuestros niños, ha causado que los índices de femicidio en Guatemala sean altos. Porque los verdaderos-hombres usan la fuerza y la mujer debe ser mujer, es decir callar. Eso también mantiene a los hombres en una posición de poder de la cual no queremos salir, porque nuestra masculinidad se verá afectada. ¿Qué es un verdadero-hombre? Es un resentido social. Porque no puede llorar, porque no puede decir que es frágil de cuerpo. Porque no puede hablar de sus emociones. Porque tiene que aguantar. También es un ser que no es libre porque no es independiente, necesita someter a otra para sentirse bien. También se ve solo frente a una estufa y llora, lamentando que nunca pudo entrar a la cocina. Entonces huye y lleva sus frustraciones a la calle y usa la fuerza como medio de asegurar su vida y su posición como verdadero-hombre con tal de ser como le han dicho que es correcto ser. Es por ello la importancia de crear una educación igualitaria, donde a los niños se les deje jugar con yaxs, con trastecitos, barbies y pinturas de uñas.

Niños jugando con muñecas, niños jugando a ser papás. Fotografía tomada de La Babylon.

Imagen principal: Football de Thomas George (1839). La imagen representa las actividades infantiles de los niños jugando rugby. Al fondo se ve la madre con su hija. Tomada de Art & Football.

Luis Enrique Morales

Quetzalteco nacido en 1989, escritor independiente y estudiante. Egresado de la Universidad Galileo en 2012, excatedrático en el área automotriz de la región de Quetzaltenango. Actualmente residente en Estocolmo, donde trabajo en docencia y, al mismo tiempo, estudio Ciencias de la Educación (Pedagogía) en la Universidad de Estocolmo.

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