Galileo Galilei, Foucault y un presidente que no da risa

Jorge Mario Salazar M. | Política y sociedad / PALIMPSESTO

Todos los días viajo en autobuses del sistema de transporte urbano de pasajeros. Autobuses de líneas privadas que usufructúan el espacio público municipal por medio de concesiones y subsidios para mantener un precio adecuado al bolsillo de los trabajadores con sueldos deprimidos por un sistema mayor de opresión que no llega ni a capitalismo. Un sistema económico que es un híbrido entre el neoliberalismo y el interregno de pandillas criminales. Entre estas pandillas criminales, una es la de los transportistas de las camionetas rojas.

Estos buses son verdaderos Frankenstein de la chatarra luciendo cada uno partes de otros más viejos y en desuso, rearmados creativamente al mayor beneficio de los propietarios, sillones sin cojines ni en el respaldo ni en el asiento. En su lugar, tablitas y tablones. Desde modelos de tablilla de tarima atornilladas con pernos y tuercas, hasta los que les sobra media pulgada hacia abajo, en el mejor de los casos, y hacia atrás o hacia arriba, en los peores casos, ya que son los que rompen pantalones, camisas y vestidos.

A otras de estas camionetas les han reducido el ancho de los asientos a tres nalgas, de manera que el segundo pasajero viaja a la ley de Horacio. Los tubos pasamanos han sido corridos unos 15 centímetros hacia las orillas para que quepa una fila más de pasajeros en medio del pasillo, misma que será utilizada en las horas pico, por desesperados viajantes de retorno al hogar. La ventanería de todos los buses es defectuosa e inservible, por lo que la colección de aromas y microclimas internos es desesperante.

La descripción de la infraestructura se queda corta en relación con la superestructura que se desarrolla en la relación del autobusero con el público. Choferes sin un mínimo de educación vial. Aceleran y frenan con ímpetu, y los pasajeros se zangolotean afectados en sus brazos los que van sentados y semisentados, y los que van parados terminan con contusiones en los hombros, rodillas y cintura. Los brochas, extorsionistas del espacio público, cobran el doble de la tarifa autorizada o más. Se oficializó, sin ningún decreto de por medio, el cobro de dos quetzales, y en algunas empresas Q 2.5 y hasta Q 3.5. Después de las cinco de la tarde la tarifa puede ser de cinco quetzales.

Los malos tratos, la presión física y psicológica, y el abuso permanente de los autobuseros sobre los usuarios es una de las formas más perversas de la dominación que se vive en un país sin autoridad. Porque no hay a quien pedirle que se cumpla con la ley que se viola en toda las formas imaginables en los autobuses. Existe una tarifa legal. Existen rutas establecidas. Existe una conducta obligatoria del chofer. Está prohibido que vayan ayudantes o brochas. Está prohibido conducir bajo influencia de drogas y alcohol. Está prohibido el sonido de música a cualquier volumen. Están obligados a tener las unidades en buen estado, sin amenazas internas como esquinas, puntas y filos que puedan dañar al público. Todas estas normas se violan permanentemente sin que medie autoridad alguna.

Si Michel Foucault hiciera ahora sus estudios sobre el poder, elegiría los buses urbanos de esta ciudad, en donde los autobuseros y sus pandillas son designados por el poder central para ejercer el control sobre los rebaños de trabajadores y trabajadoras mediante el terror cotidiano, y no es broma. Perdónenme si lo digo con aparente ligereza. Mi propósito es la reflexión de cómo, en la más sencilla actividad económica o social de esta ciudad-cárcel, la autoridad es ejercida por gavillas delincuenciales fomentadas desde unas élites que poseen un doble discurso entre la ética y sus intereses particulares.

Si observamos la conducta de los militares como individuos y como gremio, más aún como la conducta de la institución armada, encontramos que el abuso, la coima, el privilegio, son la moneda corriente. Igualmente se nota entre los alcaldes, los diputados, el presidente y el vicepresidente. Y, por supuesto, con autoridades menores como ministros directores y secretarios de gobierno. Jueces, secretarios de juzgados y fiscales en áreas rurales se disputan parte de esos espacios de corrupción que les otorga la autoridad delegada y que son utilizados para su propio beneficio, dejando de lado las prioridades que deberían gestionar en beneficio de la población.

El sector privado también lo hace, ya que los grandes negocios requieren o dependen de una relación corrupta con el poder y la burocracia.

Vivimos, pues, entre las mentiras de un mundo feliz y la horrorosa realidad de una sociedad corrompida por la ambición y el egoísmo militantes, arrullados por cánticos religiosos.

Hoy, que Galileo Galilei nos ha expresado de manera sutil que el presidente Jimmy Morales no dará cumplimiento a las resoluciones de la Corte de Constitucionalidad, hoy que resulta que los patos capturados por corruptos le apuntan y disparan las escopetas a los jueces y demás autoridades judiciales que los procesan, acusándolos descaradamente de que ellos son quienes violan la ley, ahora que nos vemos ante la posibilidad real de que se abran las puertas de las cárceles VIP y estos reos, aunque sean condenados, retornen a las calles a disfrutar de sus riquezas mal habidas y que quienes apoyan la depuración de las instituciones públicas se conviertan en parias sociales, es necesario reflexionar nuevamente y llamar a la unidad de todos los sectores sociales a una rebelión de ideas y acciones contra este poder de los corruptos.

Solo unidos en una agenda común se logrará un cambio verdadero de esa insana expresión del poder que tenemos en Guatemala.


Imagen tomada de Medium.

Jorge Mario Salazar M.

Analista político con estudios en Psicología, Ciencias Políticas y Comunicación. Teatrista popular. Experiencia de campo de 20 años en proyectos de desarrollo. Temas preferidos análisis político, ciudadanía y derechos sociales, conflictividad social. Busco compartir un espacio de expresión de mis ideas con gente afín.

Palimpsesto

0 Commentarios

Dejar un comentario