Epílogo del Mundial Rusia 2018

Carlos Castro Furlán | Deportes / EL SUEÑO POSIBLE

Ha terminado el Mundial de futbol con la victoria de Francia ante Croacia con un marcador de 4 a 2. Los dos equipos finalistas obtuvieron el premio a la excelencia futbolística y a su capacidad de entrega en el campo de juego, Croacia hizo el futbol y Francia los goles.

Merecido el triunfo para esa joven selección francesa integrada en su mayoría por hijos de inmigrantes que se forjaron una oportunidad en su nuevo país -sin olvidarse de sus raíces y de donde provienen-, a través del trabajo tenaz, la disciplina y la búsqueda de un sueño que al principio quizás parecía imposible de alcanzar.

La conformación del equipo francés es la representación de la realidad de la mayoría de países del primer mundo, en donde las minorías étnicoraciales hemos pasado a convertirnos en la porción mayoritaria de esas sociedades y en donde, a través del trabajo duro y el esfuerzo cotidiano, hemos logrado permear todos los estamentos de esas nuestras patrias de adopción y poco a poco hemos ido ocupando espacios que los miembros del establishment creían que nosotros los migrantes y nuestros descendientes no seríamos capaces de ocupar.

El fenómeno de las migraciones no es nuevo y sobre todo el proceso de las migraciones forzadas que fueron promovidas por los distintos imperios que han existido en la historia. Entre las migraciones forzadas podemos mencionar la de los habitantes de la antigua Palestina que fueron llevados a Egipto para servir de mano de obra esclava en las construcciones de las obras monumentales dedicadas a la gloria de los distintos faraones que reinaron en Egipto.

Los romanos sojuzgaron a casi toda Europa y parte de Asia y África para extraer las riquezas materiales de estos territorios que contribuyeron con sus recursos y con su fuerza de trabajo a construir la riqueza de Roma.

En la historia moderna, podemos mencionar a España, que construyó sus grandes ciudades a través de un proceso de saqueo de los recursos naturales de América y a la implantación del trabajo esclavo de las poblaciones aborígenes, y a Inglaterra, que mediante la conquista de India y parte de África obtuvo los recursos para desarrollar su crecimiento económico y el impulso de su Revolución Industrial.

Hay que mencionar que una buena parte de los recursos económicos que obtuvieron esas grandes potencias estuvo basada en el tráfico de esclavos africanos. Inglaterra especialmente y en menor medida Portugal y España construyeron empresas que se dedicaron exclusivamente a organizar expediciones cuya misión era ir a atrapar africanos para después venderlos en el mercado de esclavos. Se calcula que en total fueron desarraigados de sus patrias originales de 20 a 30 millones de negros que terminaron de esclavos en plantaciones de los Estados Unidos, cañaverales de las Antillas y de Brasil o en bananales de Centro América, Colombia, Ecuador y muchas otras naciones.

Siendo conservadores, habría que añadir a estos 30 millones de esclavos que sobrevivieron, un 25 % que murió en las actividades de captura y otro 25 % que murió en la travesía de África hacia América, por lo que bien se podría estimar que el número de esclavos africanos trasegados como mano de obra y vendidos como animales por parte de los poderes coloniales hace un total de 40 a 50 millones de seres humanos privados de su libertad.

Esto solo tiene una palabra para definirse en toda su dimensión, fue un verdadero genocidio.

Los franceses conquistaron parte del África negra y parte del África magrehbiana (Marruecos, Argelia, Túnez y Mauritania), Siria y Líbano e impusieron su cultura y su idioma en estos territorios a sangre y fuego.

Las potencias imperiales se enriquecieron a través del saqueo de las riquezas de sus colonias y como consecuencia de ello dejaron pobreza y miseria en los países colonizados. Este proceso lo explica perfectamente Samir Amín en su libro Desarrollo desigual y combinado.

Las migraciones modernas han sido provocadas por las guerras y la pobreza creada en la periferia por las grandes metrópolis quienes, para defender sus intereses geopolíticos, no reparan en transferir las crisis a sus satélites.

Aquellos que migramos hacia las potencias económicas buscando un mejor futuro que nuestras patrias no nos ofrecen, lo hacemos creyendo que allende hay más oportunidades para nosotros y para nuestras familias, que aún y cuando sabemos que tendremos dificultades al iniciar una nueva vida, tenemos la fe de que las futuras generaciones se podrán integrar completamente en esa nueva sociedad y que más temprano que tarde, a través del estudio y del esfuerzo cotidiano, se convertirán en ciudadanos plenos de su nuevo país.

Por eso los integrantes de la selección de Francia son tan franceses como la Marsellesa, la Torre Eiffel o el Museo del Louvre y no importa su color de piel, su religión o su origen, ya que ellos nacieron en Francia y en ese país, a través del trabajo cotidiano y su esfuerzo, además de su excelencia deportiva, se han ganado el derecho de representar a 70 millones de franceses. Además, los han representado tan dignamente que han ganado la Copa Mundial de Futbol encabezados por su capitán Paul Pogba.

Hace 20 años en 1998 Francia ganaba su primera copa mundial con otra selección multicultural encabezada por otro hijo de inmigrantes llamado Zinedine Zidane.

Por eso, para concluir este artículo, solo me queda pedirle querido lector que no siga repitiendo el eslógan racista de “Francia es la primera selección africana que ha ganado un mundial”, ya que se está poniendo en el mismo predicado que Jean Marie y Marina LePen, quienes son las fuerzas del oscurantismo francés y que no entienden que el mundo moderno está formado por la diversidad y la fusión y complementariedad de culturas.

Me imagino que al igual que los Le Pen, Donald Trump ha de pensar que la selección nacional de Estados Unidos no representa a este país, ya que está formada por descendientes de africanos, europeos, mexicanos, argentinos, uruguayos, salvadoreños y otro sinfín de hijos de inmigrantes nacidos en Estados Unidos.

El deporte no tiene nacionalidad, ni origen étnico, racial, religioso o tinte político; recobremos el espíritu deportivo y dejemos de lado las diferencias, rivalidades y divisiones que los dueños del capital y la pelota han creado. Seamos capaces de reconocer la valía y la calidad de los adversarios, aplaudamos las buenas jugadas del rival y respetemos, al contrario. Dejemos de ser fanáticos y convirtámonos en amantes de la magia del futbol y así seremos mejores humanos.


Imágenes tomadas de Gettyimages.

Carlos Castro Furlán

Ciudadano de Guatemala y del mundo. Sociólogo, economista, internacionalista y libre pensador. Exprofesor de la Universidad de San Carlos. Amante de la música, de los libros y de todo lo bueno. Mi pasión han sido el futbol, la carrera de larga distancia (maratón), los libros, las revoluciones y los procesos sociales en donde la organización popular ejerce cambios en favor de las mayorías.

El sueño posible

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