Elecciones que no resuelven nada

Rafael Cuevas Molina | Política y sociedad / AL PIE DEL CAÑÓN

Guatemala necesita, urgentemente, resolver problemas cruciales: terminar con la corrupción, combatir la impunidad, marcarle un alto a la epidemia de la violencia, hacer prevalecer la legalidad, fortalecer las instituciones del Estado de derecho, encontrar respuestas que no sean politiqueras a la terrible pobreza que asola a la mayoría de la población, ofrecer oportunidades de vida digna: empleo, educación, salud. En este sentido, las elecciones del domingo pasado son, por decirlo suavemente, desalentadoras.

Lo peor de todo es que los resultados no nos sorprenden, y más bien eran predecibles. Los augurios se multiplicaban en un tinglado profuso en zancadillas y emboscadas, más propios de un pleito de arrabal que de lo que aspira a ser un proceso como este.

Si tomamos en cuenta la abstención y los porcentajes obtenidos por quienes encabezan el recuento de votos, es evidente que no tienen ningún arrastre electoral, sino que, por el contrario, despiertan rechazos profundos. Han sido, simplemente, los beneficiarios de la enorme dispersión de candidaturas y los manejos judiciales oscuros contra algunos de sus contendientes.

Como sus antecesores de otras campañas electorales, ambos punteros se proclaman campeones en la lucha contra la corrupción. Antes fue la mano dura de Otto Pérez y luego el ni corrupto ni ladrón de Morales. Ninguno de los dos, sin embargo, pone las castañas al fuego por la Cicig, ni las pondrá en el futuro, seguros como están que, tarde o temprano, la comisión les llevaría a rendir cuentas. ¿Alguien les cree, entonces, el estribillo anticorrupción?

La alternativa a este estado de cosas está ante nuestras narices. Las fuerzas de izquierda y progresista, de ir unidas, habrían cosechado, por lo menos, un segundo lugar, y en este momento podrían estar a las puertas de la segunda ronda. Es una lástima que sigan habiendo actitudes prepotentes y descalificadoras entre ellas, pequeños caciques que cuidan sus feudos y se odian entre sí.

Oscuro panorama. Sin salir de Guatemala, parece que lo que nos espera, para los próximos cuatro años, es Guatepior.


Rafael Cuevas Molina

Profesor-investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Costa Rica. Escritor y pintor.

Al pie del cañón

Un Commentario

Jacobo Vargas-Foronda 25/06/2019

No tenemos la menor duda de que tanto Sandra Torres como Alejandro Giammattei se regocijan de estar esperando una segunda vuelta como resultado de un proceso electoral bastante alterado, confuso, salpicado de múltiples anomalías que hemos denominado un fraudulento proceso electoral. Queda claro que es todo el proceso hasta estos momentos, junio 25, 2019. No se trata de estar solamente esperando otro gobierno, otra administración, y otros cuatro años deambulando hacia el abismo con la desesperanza de una Guatemala que no logra recobrar su dignidad establecida un 20 de octubre de 1944. No cantemos los ficticios llantos de las sirenas y por más que se pretendan llamar “socialdemócratas” y miembros de la “internacional socialista”, la cual por cierto ya hemos visto como ha ido nefastamente “gobernando” en Europa central. Guatemala está, prácticamente, llegando al grado de ser un país desahuciado. Esa es la gravedad que debemos afrontar críticamente con responsabilidad.

Dejar un comentario