“El tiempo ha demostrado, por encima de todo, la calidad de mi arte”

Jorge Sierra | Música / PALO DE MÚSICA

Es un loco apasionado por la guitarra, por la música y ahora más que nunca, por la vida. Tiene 58 años de edad. Tiempo durante el cual ha pasado mucha agua bajo el puente. Desde su llegada de adolescente a México procedente de Buenos Aires, Argentina, y la de tener que adaptarse a una nueva psicología y gastronomía, hasta su permanencia por seis años en uno de los grupos más memorables del rock mexicano, Caifanes (se cree vendió siete millones de copias) hasta el día que fue expulsado por el vocalista Saúl Hernández, pasando luego por la operación de un tumor cerebral, la grabación de tres discos como solista y por el logro de situarse como uno de los guitarristas más versátiles y propositivos del rock mexicano. Todo eso lo vuelca en primera persona en su autobiografía Vida y música de Alejandro Marcovich, que el artista presenta en Guatemala el viernes 20, a las 18:00 horas en la Feria Internacional del Libro en Guatemala, FILGUA, en Forum Majadas.

A pocos días de llegar al país, gAZeta tuvo el gusto de conversar vía telefónica con el también compositor, arreglista, cantante y productor que se asume como una antiestrella de rock. “Eso de estrella de rock me da hueva”, dijo durante una presentación del texto. De hecho, asegura que así ha sido toda la vida. Era de esperarse que esta charla tuviera como eje el libro, que para él no “es catártico, más bien es la experiencia y vivencia de un músico”, donde dice no victimizarse ni tampoco vanagloriarse. Sin embargo, algo sí es cierto, el libro fue para apartarse, para ver todo en perspectiva, disfrutar del rapto de la soledad y para que la memoria pulse en automático eventos vitales.

-¿El texto es solo tuyo, tuviste revisiones de otras personas, te ayudaron?
-No. Lo escribí solo en su totalidad. Por supuesto que en todas las editoriales, cuando llega un libro de un escritor, no importa si es famoso o no, siempre pasa a revisión de un editor. Con este libro en particular siento que la revisión que pudo haber tenido no tocó nada sustancial, ni el estilo, ni la escritura, ni el contenido.

-¿Lloraste, te entró nostalgia, te afectó mientras lo escribías?
-Realmente no. Estamos hablando que la distancia es buena consejera en cuestiones emocionales. Las heridas que pudieron existir en el transcurso de mi vida están fielmente retratadas en el libro. Considero que me desnudé bastante. Más que llorar las veo con simpatía y tolerancia hacia mi vida, mi intimidad, de cómo ha sido, porque finalmente todo eso es lo que soy y creo ser una persona bastante completa, un artista que ha podido construir un discurso personal. Precisamente por haber vivido lo que he vivido y por cómo lo he vivido es el motivo que me llevó hacer eso, porque ser artista o tocar la guitarra, no sólo se trata de digitar, no sólo se trata de ejecutar bien el instrumento o saber mucho de teoría musical, sino en ser lo que prima detrás de cada nota musical, de ese ser humano que es irrepetible, es único y eso es lo que soy.

-¿Cuál fue la parte más difícil a la hora de escribirlo?
-La única parte difícil para mí fue el ejercicio de la memoria. Acordarme de las cosas, acordarme de cómo fueron, retratarlas de la manera más transparente y justa, sin ponerle tintes y adjetivos, cosas que pudieran modificar la percepción del lector hacia uno o hacia otro lado, sobre todo en la cuestión de mi carrera, de los hechos que relato. He escrito con la mayor objetividad periodística. No es una novela. Yo soy el narrador, pero trato de estar como observador de mi propia vida.

-Entiendo que el libro te trajo problemas con tu excompañero Saúl Hernández, que te señala como un villano pero ¿hay otras personas que rechazaron lo narrado?
-Te voy a contestar todo a tu pregunta. En redes sociales o en persona no me he topado con comentarios negativos acerca del libro, todo lo contrario. Hay gente que tenía una percepción muy negativa de mí, pero al leer el libro y entender variedad cosas que estaban vedadas o que habían sido narradas de manera confusa, incluso parcial y con malas intenciones, se aclaró su mente. A partir de ahí, cambiaron su concepto de mi persona y del artista. Definitivamente, en 1995 cuando se gestó mi salida del grupo Caifanes, que acabó finalmente en la formación de un nuevo grupo llamado Jaguares, y digo se gestó no la gesté yo, no fue mi intención que el grupo terminara, no fue un fin consensuado sino que fue unilateral, pues bien, esa unilateralidad tuvo fines muy negativos, no solo de terminar el grupo o de conformar un grupo nuevo donde Alejandro Marcovich ya no pudiera estar presente, incluso donde ya no pudiera gozar de los beneficios de todo lo que sembramos y cosechamos, del esfuerzo, del trabajo de años con Caifanes. Con esa gestión unilateral, se me negó y se me privó de los beneficios que conllevaba nuestra historia, y crear una serie de delitos en los que Alejandro Marcovich pasó a ser el villano, rodeado de una mitología negativa. Durante el tiempo que creé y trabajé con Caifanes la percepción de los medios, de la industria y de los seguidores de mí era muy positiva. Es decir, no hay ninguna razón ni sustento para pasar de la noche a la mañana al claroscuro, de una persona tan positiva a una persona villánica. En realidad lo que pasó fue una manipulación mediática. Ese tipo de adulteración que hacen personas de oscuras intenciones y no voy a mencionar nombres. Por eso fui muy perjudicado y por haber perdido de la noche a la mañana todo el beneficio económico y toda la posición alcanzada en la industria con el grupo Caifanes. Mi lucha ha sido de demostrar en forma constante y sistemática que realmente soy un artista, no esa persona que dicen. Y como se podrá ver en este libro no empiezo diciendo: “Atención todos soy una ovejita y no soy un villano” (risas), pero creo que se deduce por la integridad de ser humano que soy y de mi lucha, que es la batalla de cualquier persona por ser y hacer lo que le gusta en un lapso breve de su vida. El tiempo ha demostrado, por encima de todo, la calidad de mi arte. Al fin de cuentas a los artistas, políticos o deportistas, lo más importante es poner en tela de juicio su obra, y no si son simpáticos, si saben cocinar o no. Eso se deduce. Lo que sale a la superficie es mi obra y eso deja más claro quién es quién.

-Pero Saúl Hernández sí dijo algo.
-Tú me preguntas si el libro tuvo consecuencias y justo antes que saliera el libro mi excompañero Raúl Hernández (cantante de Caifanes) apareció en los medios dando declaraciones, defendiéndose de un supuesto ataque que el libro iba a representar, cosa que no fue real. Fue eso sí una sospecha que él tuvo o que alguien le aconsejó que se adelantara a la salida del libro. El texto no lo ataca, lo que hace es poner sobre la mesa una serie de acontecimientos que en alguna manera sí lo señalan, pero porque así fueron las cosas. No es un libro que intente perjudicarlo a él o a cualquiera de los actores que aparecen. Es un documento periodístico que nadie, por lo menos en México, en medio del espectáculo o de la cultura, se ha tomado la molestia de hacer un recuento realista acerca de la historia de Caifanes, y pues lo tuve que hacer yo. Y aunque algunos digan que es mi verdad, como les gusta algunos pensar, lo cierto es que los hechos históricos tienen muchas aristas, por supuesto que sí, tiene muchos ángulos, pero eso no quiere decir que los ángulos de vista sean verdades diferentes, simplemente son puntos de vista diferentes que narran lo que se ve desde cada perspectiva, pero lo que se ve desde cada punto de vista no necesariamente es falso, puede ser incompleto pero no falso. ¿Estamos claros? Si yo estoy de un lado de un coche y lo veo rojo y brilloso es porque no veo el otro lado que igual es rojo, pero no es brilloso porque tiene un golpe, pero que yo no veo donde estoy. Lo que relato es igual de verdadero a lo que se narra del lado contrario. Entonces, yo no hablo por los demás actores si no que hablo por mí, por lo que viví. He sido muy prudente, muy cauteloso en el uso de las palabras para no decir mentiras.

-¿Y quedaron muchas cosas fuera del libro?
-Sí, por supuesto. Toda la batalla legal que me tocó vivir, no contra Alfonso Hernández Estrada (Saúl), no contra el Alfonso André (el bateria), no contra la manager del grupo, María Eugenia Rivera, sino la que me tocó liberar en un juicio civil contra Berthelsmann Music que es la casa disquera en donde estaba contratada Caifanes. Esa contienda fue acerca del nombre del grupo, batalla que perdí por cosas que a mucha gente le daría mucha tristeza y mucha rabia. Pues bien, toda esa pelea no está narrada en el libro porque no cabe en una autobiografía. Esa es una cosa que tendría que narrarse quizá en otro libro o en un ensayo legal. Entonces no son omisiones tendenciosas o porque no quisiera hablar la verdad, sino porque resultaba muy tedioso ocupar uno o dos capítulos sobre ese asunto.

-¿Algunos ven vanidad de tu parte en el libro?
-(Risas) ¿Qué artista no es vanidoso? (vuelve a reír) Y no hablemos de las modelos ¿verdad? ¿Qué fotógrafo, qué futbolista, qué pintor, qué músico no es vanidoso? Si tu no tuvieras un grado de orgullo, de egolatría no expondrías tus obras públicamente. Entonces, claro una cosa es ser vanidoso y orgulloso y con cierto grado de egolatría, otra cosa es ser pedante, que ande por la vida con soberbia, andando por el mundo diciendo que lo que hace es lo mejor del mundo. Yo no soy así. La vanidad, vamos a buscar en internet qué es la vanidad, el orgullo, la soberbia, el egocentrismo que no es la mismo que la idolatría, que la soberbia o el narcisismo, no, creo que un grado moderado de vanidad y autoestima e idolatría la tiene cualquier artista, pero tampoco a los extremos de un Salvador Dalí. A mí me gusta lo que hago si no, no lo expondría. El mismo brillante Paco de Lucía dijo que, “el primer juez de mis cosas soy yo mismo y es al primero al que le debe gustar”. Si el artista está enamorado de lo que hace probablemente le guste a alguien más, pero uno no graba un disco o no sube al escenario si no estás profundamente enamorado de lo que hace. Sobre esa base tiene que haber un cierto grado de vanidad. Cualquier señora que cocine estaría encantada que los comensales le dijeran que qué rico el plato que cocinó. De alguna manera todos queremos que nos feliciten.

-Estamos en tiempos que los músicos escriben sobre su vida (Slash, Jorge González, Viv Albertine, Art Garfunkel, Lou Reed, etc.) ¿Es una forma de construir identidad o buscan no ser encasillados?
-En definitiva, yo tenía que poner en claro un montón de cosas, de años oscuros, tenía que explicar mi papel como actor en esos años de gran éxito. Eso tal vez lo debí haber hecho en 1995, pero no lo pude hacer, y finalmente escribo este libro a los 55 años de edad, y no ha faltado periodista que me diga que aún era muy temprano para hacerlo o “si tú eres muy joven”. Bueno, yo espero estar vivo en los próximos seis años. Ahora bien, lo que sucede es que tenía ganas de escribirlo. Tengo cosas que decir y necesito decir, y creo que mi vida tiene sustancia sin caer en la vanidad que puede ser interesante para el lector visible o para el lector desconocido. Quizá alguien se sienta motivado a leerlo por el morbo o por el interés genuino acerca de un artista que admira, de saber un poco más, de sus historias, de su paso por la industria, de cómo fue que grabó el disco tal, pero también de cómo era de niño o era de chico. Porque finalmente todo ese constructo es similar a la de cualquier persona, a la de un artista y como mencionaba al principio, de querer hacer su vida a imagen y semejanza de sus deseos. Puede que quizá sean los deseos de hacer una o tal cosa o deseos de adolescencia, entonces esa contienda, esa lucha puede resultar interesante para alguien que incluso no sea músico o para alguien que sea vea reflejado en mi lucha por superar incluso cuestiones de enfermedad, peleas legales y la batalla que implica querer tener una identidad como artista. Entonces eso puede ser atractivo y educativo más allá de su intención. No es un libro de autoayuda o de superación personal. Ahí sí sería mucha vanidad de mi parte pretenderlo. Ahora bien, sí me doy cuenta que, más allá de sus intenciones cronográficas, el libro tiene un trasfondo educativo. Veo que muchos músicos no tienen idea de las cosas que pasan tras bambalinas y este texto desnuda suficiente esas cosas. Y a la vez desnuda el alma de un artista. Cuando algunos me dicen: “Es que es increíble tomarme una foto contigo porque casi casi no eres humano” (risas). Yo les digo: “Si vamos a eso, soy tan humano como tu o puedo ser peor persona que tu”. Este libro pone en tierra a mi persona porque a mí nunca me ha interesado en construir un ídolo, una persona o una imagen pública inaccesible, ese personaje que anda de aquí por allá con lentes oscuros, no. Así como te hablo a ti, así he llevado toda mi carrera hablando con la gente. Te digo, lo que pueda decir hoy seguramente lo dije hace 35 años y esa integridad, esa lucha persistente es la que tiene valor en mí.

¿Ha cambiado mucho tu vida en los últimos ocho años?
Bueno, han cambiado cosas a raíz de esa operación que tuve en el cerebro (un tumor), han cambiado cosas de esta segunda expulsión del paraíso económico Caifanes porque el grupo estuvo mal construido desde sus cimientos me refiero legales, entonces no ha sido tan fácil desheredarme. Por supuesto que yo lo estoy padeciendo como cualquier músico independiente que hace su lucha por hacer sus cosas, saqué dos discos independientes (Nocturnal, Alebrije y un tercero en colaboración), lucho por que se den a conocer, seguramente también estoy luchando como siempre por mi salud que me pone en claro lo frágil que es la vida en cualquiera de nosotros, la que damos por hecho su estabilidad. En realidad, lo que vivimos es un milagro, no es algo sólido. Recordemos que en cualquier instante, en fracción de segundos te puede dar un ataque por muerte o sufrir un accidente que te pone en una perspectiva diferente y te da por atesorar y vivir intensamente todo lo que tenías que vivir, así te quedes viendo fijamente el horizonte, así estés con la mujer amada, así estés tocando la guitarra o comiendo algo rico. Al final, todo tiene un valor.

¿Por último, te precias de tener buena memoria?
Sí, me cuesta recordar el nombre de las personas, me cuesta recordar en dónde toque, pero bueno mi memoria es un tanto selectiva en ese sentido, en el detalle, pero para otras tengo una memoria de cómo se quedaron fijadas para siempre con una nitidez sorprendente. Pero sí, no creo tener una memoria privilegiada. En definitiva, las cosas que relato son porque en verdad las tengo nítidas en mi memoria. Si las tuviera ligeramente borrosas no las escribiría. Eso que quede claro.

Alejandro Marcovich ofrecerá un taller para guitarrista el sábado 21 de julio en Majadas Once. Mayor información en Facebook/Majadas.


Imagen principal proporcionada por Jorge Sierra.

Jorge Sierra

Dedicado en los últimos 13 años al periodismo musical. Desde hace 40 años produce programas musicales de radio. Ha escrito para revista Crónica y en los periódicos Siglo21 y elPeriódico. Participó en el tomo V, de Guatemala: historia reciente (FLACSO) y en el Manual del músico independiente. Ha rebasado los cincuenta, pero no hay novedad musical en cualquier parte del planeta que se le escape.

Palo de música

Un Commentario

Sergio Castro 15/07/2018

Las colaboraciones con Gerardo Enciso, El Circulo, Juan y La Bruja, y Ana Victoria, son muy buenas también. Aunque no lleva créditos principales en esas obras, la presencia y contribución merecen, desde mi opinión, el mismo espacio que Nocturnal, Alebrije y En El Tiempo. Por ejemplo, AM participa en un número similar de canciones en Tarará que En El Tiempo. Y en El disco de Ana Victoria, aparece, prácticamente como co-estelar, así se aprecia en el video. Y la banda sonora de ¿Cómo no te voy a querer? Tiene más canciones de canciones (instrumentales todas) que Nocturnal. Hay más obra que la que él se atribuye. Por cierto un buen secuencial en tu móvil es intercalar las piezas de Nocturnal con las de ¿Cómo no te voy a querer?

Dejar un comentario