El pandemizador de la democracia (I)

Edmundo E. Vásquez Paz | Política y sociedad / ¡NO PARA CUALQUIERA!

Entre los pandemizadores importantes de mencionar está aquel al que se le ordenó malograr el concepto de democracia. El concepto de democracia está muy relacionado con la posibilidad de que las decisiones que toman los gobernantes correspondan a lo que le interesa y le conviene a la mayoría de la población. Y esto es importante para muchos. Por lo menos … aparentemente.

Para los Señores de la pandemización -que nadie sabe quiénes son, cómo se ven ni dónde se encuentran- esta tarea parece ser estratégica. Algo así como la preparación de la bandeja sobre la cual podrá recogerse -y descansar- el mundo todo cuando la pandemización se estabilice y desparrame sobre una humanidad incomodada, migajas de «paz» y de «tranquilidad».

Antes de iniciar su tarea, al pandemizador encargado se le encomendó que se instruyera sobre la temática. Para esos efectos, recurrió a la lectura de varias obras -tipo libro- y otra documentación secundaria que encontró en hemerotecas del mundo y algunas entrevistas que realizó con personalidades de confianza.

Entre los libros consultados, el pandemizador conserva en su recuerdo la huella que le dejaron dos de ellos -que solo refiero de manera general, pues debo velar porque no se pueda interpretar como publicidad-: 50 cosas que hay que saber sobre política y Democracia para Dummies. Los mandó a empastar y los confinó sobre su mesa de noche. Cerca de su cama. Fascinado por la didáctica contenida en ellos (incluidos algunos animados bocetos de personajes célebres y escenas de acontecimientos memorables -como la toma de la Bastilla, 1879- y diagramas).

De estas lecturas aprendió -o, más bien, coligió- que la instauración formal del sistema denominado democrático-republicano, que debería llegar a prevalecer en el mundo debido a varias circunstancias, data de lo que en la historia se llama la Revolución francesa; y que este sistema se ideó como la mejor manera de terminar con la mala pero arraigada costumbre de los pueblos de tener por jefes a unos reyes (monarcas) que tenían todo el poder (de manera absoluta) y hacían lo que se les venía en gana para el solo beneficio de ellos mismos y el de sus amigos.

También percibió cómo es que fue en aquellos días en que se instauraron los conceptos de república (artilugio ideado para ya no tener solo un monarca, sino que tres, controlándose entre ellos para que ninguno abuse de su poder y se imponga sobre los otros), por un lado, y de democracia (que fue el nuevo sistema, concebido para darle oportunidad a todos los ciudadanos de intervenir en el decidir sobre lo que deben hacer los que tienen el mando), por el otro. Al conjunto de personas con el poder de ejercer esa posibilidad y nombrar a los mandantes, se le llamó -en los círculos académicos y elegantes- el soberano. Aunque algunos le llamaban, y le siguen llamando, la plebe.

Menciono todo lo anterior no con el ánimo de aburrir. Mi propósito es tan solo el de ofrecer un indicio para identificar en el tiempo cuando las monarquías absolutas dieron paso al sistema que actualmente se trata de seguir difundiendo e imponiendo. De una forma, generalmente, bastante obstinada. Muy lejos de aquella idea propuesta por algún filósofo, tendiente al logro de mundos ideales, funcionando alrededor de pactos sociales conscientes de la diversidad, respetuosos de las concepciones alternativas, dispuestos a cohabitar con ellas y, por lo mismo, abiertos a la propia revisión.

Este pandemizador ha sido uno de los de avanzada (por lo tanto, un PA). Uno de los que vienen actuando de ha mucho tiempo atrás. Preparando el terreno. Su tarea ha consistido en minar de tal manera el concepto de democracia para que cunda un generalizado escepticismo sobre él y, finalmente, se deseche. Algo que, a un cronista (¡sí!, como Enrique Gómez Table), solo le puede parecer que beneficia a los intereses de alguien, o de algo… e intuir que no es bien intencionado… y pensar que puede favorecer, por ejemplo, el que se instalen dictaduras, gobiernos totalitarios. (¡Válgame dios!).

Se vislumbra que el encargo de este pandemizador es necesario cumplirlo para que, cuando se imponga un estado de nueva normalidad… se haya perdido ya (¡pues, relegada al olvido!) la capacidad de entender como legítima la manifestación de cualquier inconformidad derivada de tratos considerados como injustos, denigrantes u oprobiosos. (Esto explica, en buena medida, el tratamiento que se le ha venido dando al relato de los esfuerzos realizados por personajes como Mahatma Ghandi o Martin Luther King. Aunque no se dice abiertamente, sus gestas y logros vía la desobediencia civil son clasificadas como indeseables y, por ello, mejor ni mencionarlas…).

A la cuenta del pandemizador encargado del tema de la democracia se deben contabilizar varios avances. Avances realizados a partir de la consideración de que, para la existencia de un sistema democrático, es necesario que se dé una interacción entre tres actores principales: la ciudadanía activa (denominada soberano), los partidos políticos (organizaciones concebidas para interpretar la voluntad de grandes contingentes de población organizada) y los políticos (personajes que ejercen el oficio de actuar como mandatarios de los partidos y asumir posiciones de mando en la organización de las naciones).

Es a partir de esto que el pandemizador de la democracia ha planteado su estrategia y ha venido realizando acciones concretas. En las próximas entregas, expondremos algunos de sus más relevantes logros. Lo haremos por partes, para no atolondrar a nuestros distinguidos lectores. (Ya estoy preparando la próxima entrega).


Edmundo E. Vásquez Paz

Color Azul. Claro. Ingeniero Economista. Ocupado del resguardo del medio ambiente y la búsqueda del progreso de la humanidad. Sorprendido por la torpeza humana. Amarillo. Lector agradecido. Crítico de la ciudadanía olvidada de ejercer el amor propio. Rojo. Escritor diletante que ensaya textos para juntar fantasía y razón. Blanco.

¡No para cualquiera!

Correo: vasquezmundo52@gmail.com

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