El país que no amaba a las niñas

-AlenKa Tenas / HILOS DE TERNURA Y DE MEMORIA

Una niña que sueña. Despierta, sueña que juega. Juega a que va a la escuela. Juega a que aprende a leer y escribir y que lee historias de niñas que saben leer y que escriben. Imagina que le leen historias de otras madres y otras hijas, antes de dormir. También imagina el beso en la frente y las buenas noches.
Sueña que no siente el otro beso, el asqueroso, ni la mano que hiere, ni la punzada en el vientre. Y mientras sueña, su vientre crece y mientras crece, más lo aborrece.
Extraña el momento del juego. Sueña que es niña y que juega.
Suspira y no logra entender por qué a sus 12 años, es ella quien va a parir a su hermano.
Una niña que sueña, sueña que juega, que es niña y es feliz.

En sociedades saludables, el nacimiento de tan solo un bebé de madre menor de edad es una noticia preocupante que llama la atención del Estado, la comunidad y de los medios de comunicación.

En Guatemala, los 79 622 nacimientos de madres de entre los 10 y 19 años inscritos durante 2016 por el Registro Nacional de las Personas –Renap–, parecieron no alarmar demasiado a las autoridades, ni a la sociedad, que más bien se hacen de la vista gorda o tratan de matizar que de esos nacimientos, al menos 2 500 se dieron en niñas de 10 a 14 años, en su mayoría, como resultado de violencia sexual.

Fue a penas en 2015 que se modificó la edad mínima para contraer matrimonio, elevándola a los 16 años. Y este año se logró la modificación para eliminar esa excepción, dejando la edad mínima en 18 años.

En 2016, el Ministerio Público reportó 2 753 casos de violación a niñas de entre 10 y 14 años, lo que se suma a las condiciones de desigualdad históricas que prevalecen. Ese mismo año, Unicef reportaba al menos 255 000 niñas de entre 7 y 14 años que trabajan para aportar a sus familias o procurar su propio sustento mínimo, mientras que el Ministerio de Educación reportó 357 602 adolescentes de entre 13 y 16 años inscritas en ciclo básico. Esto nos da una idea de lo débiles y cosméticas que son las medidas para garantizar los derechos y condiciones elementales de la niñez en nuestro país.

Pero el evento que dejó al desnudo la problemática de falta de atención integral a la niñez fue el incendio en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción.

En su reciente visita, la Corte Interamericana de Derechos Humanos –CIDH– resaltó en su informe que la tragedia ocurrida en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción es sintomática de un sistema fallido de protección a la niñez en Guatemala y que para abordar esta problemática desde su base, el Estado debe realizar profundas transformaciones al modelo actual todavía muy anclado en el modelo tutelar y asistencialista, para pasar a un modelo de protección integral, tal y como lo demandan los estándares internacionales.

Es alarmante también constatar que, en repetidas oportunidades, el mismo presidente de la República, en entrevistas y declaraciones afirmó que el incendio ocurrido en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción se debió al “amotinamiento” de adolescentes en conflicto con la ley penal, criminalizándolas y generando rechazo de la sociedad y poca empatía hacia los repudiables hechos ocurridos ese ocho de marzo.

Pareciera que pese a que él es el máximo responsable en la línea de mando de la Secretaría de Bienestar Social –SBS–, no sabe aún que las niñas y adolescentes que habitaban el Hogar se encontraban allí bajo la tutela del Estado, porque su entorno no era seguro para su vida y que muchas de ellas fueron víctimas de violencia sexual en su círculo más cercano. Incluso, después del incendio, se reportó a nueve niñas en estado de gestación que fueron trasladadas a otro centro en Quetzaltenango. A la fecha, el presidente no sabe diferenciar entre un centro de privación de libertad y un hogar de resguardo bajo la tutela del Estado.

El presidente imaginó que su amiga y productora de programas de televisión, por el hecho de interpretar a una genio feliz, contaba con las credenciales necesarias para dar respuestas a las necesidades de atención y prevención de las violencias que sufren las niñas en Guatemala, como si de frotar una lámpara maravillosa se tratara.

La aprobación de iniciativas que contribuyan a prevenir y sancionar estos delitos, así como a transformar la realidad y futuro de las niñas, debería ser un asunto de urgencia nacional.

¿Qué hay de la responsabilidad moral, económica y penal de quien engendra a esas criaturas a fuerza de violencia?

¿Debería una niña de diez, once, doce años, asumir la responsabilidad social, económica y del cuidado de una criatura recién nacida?

¿Podemos imaginar cómo niñas sin oportunidades van a desarrollar capacidades que aporten a sus vidas y a Guatemala?

Yo no, ¿y usted?


Fotografía por AlenKa Tenas.

AlenKa Tenas

Mujer, mestiza, diseñadora, comunicadora, defensora del derecho fundamental de todas las personas a gozar y ejercer todos sus derechos. Sobreviviente de la guerra y, cada día, de un Estado patriarcal y misógino. En contra de las violencias provocadas por el odio y la discriminación

Hilos de ternura y de memoria

2 Commentarios

Raúl 30/09/2017

Es evidente, bajo las circunstancias actuales, -y anteriores- que nada de esto ha preocupado a los gobiernos anteriores y menos a nuestro flamante presidente que dignamente representa la corrupción en todas sus expresiones. Algún día, espero no muy lejano, cambien las cosas para bien de nuestras niñas.

Mirna Ramírez 30/09/2017

Excelente… el tema da para seguir debatiendo la necesidad de que exista normativa legal que permita que esas niñas violadas y obligadas al embarazo y a la maternidad forzadas, puedan definir cómo quieren seguir su plan de vida….

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