El filtro fatal del pensamiento

-Jorge Mario Salazar M. / PALIMPSESTO

Muchas veces, cuando se argumenta sobre ciertos factores de la economía política y sobre su incidencia en la situación tan desastrosa de la sociedad y su falta de perspectivas para el desarrollo sostenido del país, en condiciones de equidad y justicia, nos reclaman que nuestra perspectiva es muy ideológica. Si nos detenemos en ese instante, nos damos cuenta que efectivamente nuestras palabras se corresponden con una ideología determinada. Nos damos cuenta de que nuestro pensamiento tiene ese filtro fatal que nos determina aspiraciones y sueños que se contrastan con la realidad política de manera total y absoluta. Lo natural y lo normal, para quienes señalan el sesgo de mi pensamiento, es el orden actual de las cosas en el mundo. Pelear contra ello es ideológico, es falso e innecesario debido a que la historia terminó hace décadas.

De eso me percaté hace ya varios años, cuando en una entrevista con Mario David García, en un programa que tenía en la radio por las tardes, me increpó: “eso es demasiado ideológico, licenciado”. Hablábamos de los tratados comerciales porque se avecinaba la primera reunión entre los gobiernos de México y Guatemala, como parte de las negociaciones del TLC entre México y el Triángulo Norte de Centroamérica. Hablábamos de la pertinencia de que la sociedad civil se involucrara y conociera esas negociaciones, ya que esto le daría mayor capacidad de actuar en concordancia con su visión, sobre la economía del país. Eso era “demasiado ideológico”. Con ello, una descalificación que otros interlocutores que se hallaban en la entrevista tácitamente apoyaron, ya que la corrección política del momento “nos llamaba a no confrontar y a aprovechar los espacios” (les faltó decir: que gentilmente nos abren los dueños de los medios de comunicación a nosotros los marginales). Solo alcancé a decir: “la suya también es una respuesta ideológica, licenciado”, antes de que oprimiera el botón para salir a la pauta comercial del programa.

La primera vez que me cuestioné el término fue leyendo a Martín Baró, el psicólogo jesuita asesinado por la dictadura militar en El Salvador. En uno de sus escritos sobre los aportes de la Psicología Social en América Latina, explicaba que la ideología dominante de las oligarquías mantenían (aún mantienen) un estado de opresión psicosocial a la población. En este contexto no se puede hablar de las soluciones desde la base económica. Únicamente se puede hablar de los cambios cosméticos del sistema y en eso es lo que debemos concentrarnos. Toda idea que se dirija a las raíces de la problemática social, cultural o ambiental es, por sí misma, pérdida de tiempo. Se trata de idealismos buenos para la poesía, pero que no se pueden realizar en esta Guatemala que tiene como propietarios a un número reducido de familias.

Durante esta crisis de Estado lo hemos constatado una y otra vez, corriendo como ratones de laboratorio adentro de un laberinto sin salidas, topando repetidamente con las paredes que no los dejan salir. Los ratones lo saben. Nosotros también. Esas paredes tienen nombre de instituciones, pero nuestro deber ser nos indica constantemente que no podemos, que no debemos derribarlos, que debemos respetarlos y todo eso principia en nuestra mente, en nuestro pensamiento construido por la familia, la escuela, la iglesia y el sistema jurídico.

Efectivamente, todos los problemas que enfrentamos en nuestra sociedad tienen solución. Todos los males que enfrentamos, comenzando con el sistema jurídico político tienen un mismo hilo conductor que es el modelo económico, el sistema productivo que utiliza a la población como una mercadería más. Desde la Colonia, la principal fuente de la riqueza de los hacendados españoles fue la extracción masiva de la fuerza de trabajo y la posesión de la tierra. Hoy sigue siendo igual. Por eso, nuestro principal producto de exportación es la mano de obra barata a los Estados Unidos y la disputa por la tierra causa muertos y enorme sufrimiento.

Tal vez sea demasiado ideológico. Debería pensar que la solución de los problemas se encuentra en cada uno. En su interior. Que si hacemos cambios en nosotros mismos y en nuestras conductas, lograremos transformar las actitudes sociales que nos lleven a mayor solidaridad. Deberíamos pensar en trabajar más para aumentar el crecimiento económico hasta que este derrame sus beneficios sobre la sociedad. O participar activamente en las formas asociativas como las iglesias sectarias de cualquier tipo que nos ayuden a digerir el día a día sin horizonte, con la vista siempre al cielo.

El filtro de nuestro pensamiento es fatal. Porque significa la muerte de personas por las balas de los que defienden el sistema a toda costa. Porque determina la muerte de millones por hambre y enfermedades prevenibles o por falta de asistencia médica o por la falta de seguridad social en el sentido más amplio. Nuestro pensamiento tiene ese filtro que también puede ser fatal para este sistema, pero hoy nos impide la unidad para derribar los muros que nos den salida hacia la transformación del Estado.


Imagen El grito, Edvard Munch, tomada de Psychology today.

Jorge Mario Salazar M.

Analista político con estudios en Psicología, Ciencias Políticas y Comunicación. Teatrista popular. Experiencia de campo de 20 años en proyectos de desarrollo. Temas preferidos análisis político, ciudadanía y derechos sociales, conflictividad social. Busco compartir un espacio de expresión de mis ideas con gente afín.

Palimpsesto

Un Commentario

Erick Yonker 25/11/2017

Bueno su punto de vista, y considero que, debe comenzar toda solución a tantos problemas actuales, como una ideología, a la cual se le verá la cabeza, luego su tronco y las extremidades, hasta llegar a los detalles más pequeños.
No es simple ideología, es el boceto de aquello que un día tendrá vida, que caminará, actuará… triunfará, sin quitarle su juguete a los que lo tienen antaño.

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