El Archivo

-Natalia Garavito y Álvaro Montenegro | PUERTAS ABIERTAS

Me decían
Que no
Que no existía
Que había sido
Invento mío
Las horas
Mordiéndome el pecho
Que nunca se fue
A estudiar medicina
Si yo había comprado
Su estetoscopio
Lo busqué
En lugares hediondos
Nada
No hay nada
Repetían
Pero el sol
Encontró
Una fosa refundida
Y ahí estaba
Hecho polvito
Mi muchachito

Respingadas rosas adornan el patio y adormecen los sanguinarios espíritus que han merodeado por aquí. Unas papeletas percudidas apiladas se dejan ver tras las paletas de una ventana a lo alto de la pared. Aquí empieza el recorrido. Esta escena en 2005 fue la que desató la curiosidad de un historiador miembro de la PDH que irrumpió a inquirir acerca de una explosión. La explosión quedó relegada como parte pasiva de una historia mucho más tétrica. Ochenta millones de papeletas amarillas –muchas de ellas con caras a blanco y negro– forman el famoso Archivo Histórico de la Policía Nacional.

Ahora corren riesgo. Enrique Degenhart, al mando de un gobierno criminal, intenta desbaratar este esfuerzo para –como todo lo que hace– agenciar de impunidad a quienes han cooptado, empobrecido y violentado este país. La idea es destruir el Archivo para que dejen de utilizar el material en los casos contra operadores del Estado que han violado los derechos humanos.

Es el archivo policial más grande de Latinoamérica, porque a estos policías aprendices de chafas les podremos recriminar mucho, menos que sean desordenados. Las anotaciones minuciosas, la persecución continua. Miles de fichas con nombres y apellidos. También hay gente que nada tiene que ver con asuntos políticos que aparecen colocando denuncias, que le robaron algo, que sacó la licencia. Le invitamos a buscarse y a sus familiares. En la página de la Universidad de Texas puede hacerlo.

El Archivo no es solo evidencia de la persecución, de la política de terror, de las atrocidades cometidas por el Estado durante la guerra interna. También es parte de la tradición nacional, es saber lo que ha sucedido, la identidad de un pueblo. Hasta ha servido para que los policías que solicitan el retiro de la PNC justifiquen los años de servicio en la institución policial. El archivo está allí, cumpliendo el deber de sostener una historia.

Dice el que guía los tours en las instalaciones que el presidente Arzú negó su existencia y trasladó estos mares de papeles del Palacio de la Policía a la actual Academia. Fue en la época en que la CEH requirió al presidente estos documentos. Muchos años y luchas después, cientos de brazos limpian, archivan y custodian estos papeles que relatan la historia desgarradora de nuestra patria.

Miles de esas caras que la daguerrotipia hace recordar, se disiparon en algún inédito lugar del tiempo. Un agujero indeleble perdura en sus familias, hasta que esta documentación oficial –y por lo tanto con validez jurídica– se pone a la disposición del gran público con esta cantidad de documentos que invocan una herida escondida que necesita ser limpiada.

Quien vive una guerra no termina de salir de ella. Y la justicia es una terapia colectiva. En estos documentos se muestra hasta qué carro era el que perseguía a Manuel Colom el día de su muerte. Esto se ha descubierto gracias a las fichas administrativas: en los reportes de los servicios de los carros, los números de las placas aparecen impunemente. Pero qué eficiencia mostraba la Oficina de Investigación Criminal en redactar tan elaboradas fichas: millones de datos de enemigos del Estado que luego fueron eliminados sistemáticamente.

Los casos que han encontrado el respaldo en la existencia de este archivo, que han sido llevados ante los tribunales, logrando sentencias contra jefes e integrantes de la Policía Nacional: como el de Fernando García, el de Sáenz Calito, la embajada de España, las Dos Erres, genocidio y el que lo terminó de detonar todo: Marco Antonio Molina Theissen.

En tiempos de paz la violencia no baja. No se ve que la Policía tenga un papel determinante, menos con el desbaratamiento policial que ha realizado Enrique Degenhart. Pero antes sí que trabajaban diligentemente en documentar a los criminales, estos volcanes de papel nos lo demuestran.

Este Archivo, que en un principio se sentía oscuro y denso como lo relató Rodrigo Rey Rosa en la novela El material humano, ahora cosecha jacarandas en los jardines porque la luz de la justicia aflora para zurcir estas heridas. El riesgo del retroceso, como en todos los ámbitos del gobierno de Jimmy Morales, se incrementa cada día. La intención es clausurar la puerta del pasado como si así se abriera otra puerta hacia una dimensión distinta al futuro, a un paraíso rosa, donde todos juegan a la vuelta del toro toro gil. Es pretender que los crímenes, las torturas, las masacres –y la corrupción– nunca existieron. Como si la justicia solo fue un incómodo y breve sueño para los criminales en el país de la eterna impunidad.


Fotografía tomada de Archivo Histórico de la Policía Nacional –Guatemala–.

Natalia Garavito y Álvaro Montenegro

Natalia Garavito: abogada en derechos humanos y derecho constitucional, magíster en Derechos Fundamentales de la Universidad Carlos III de Madrid. Asesora jurídica en Abogados Sin Fronteras Canadá. Integrante de JusticiaYa y columnista en Plaza Pública.
Álvaro Montenegro: ha trabajado como periodista, sobre todo en el tema judicial, tiene estudios de Derecho, Filosofía y Letras. Ha laborado en temas de comunicación, reformas legislativas y derechos humanos. Escribe columnas en El Faro y Plaza Pública, ha publicado un libro para jóvenes y en antologías. Integrante de JusticiaYa y la Alianza por las Reformas.

Puertas abiertas

2 Commentarios

Mel 04/06/2019

Excelente trabajo

arturo Ponce 31/05/2019

Y que tal sería incursionar en el archivo del MP también, otro que es una cajita de pandora de esa época; los archivos pasan a ser documentos históricos de cualquier Nación y no es inteligente su destrucción ó desaparición sino todo lo contrario, su conservación lo mas óptimo posible.

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