Economía criminal en Guatemala (I)

Edgar Pape Yalibat

La simbiosis economía-crimen

Intento en este trabajo introducir a los lectores en la comprensión de lo que llamo economía criminal.

Un antecedente pone en escena sus orígenes: se trata del pacto neoliberal-militarista de principios de los años 90, consolidado en la vergonzosa reforma constitucional de 1994 que impone la patria financiera, el predominio del mercado y el rentismo sobre los bienes de dominio público y los recursos presupuestarios. El reciente retorno al país (en julio) del narcotraficante, exalcalde de Zacapa Arnoldo Vargas, capturado en 1990 por la DEA y primer extraditado a Estados Unidos tras cumplir una condena de 25 años, reencarna con toda su viveza este hecho histórico. Y para ilustrar con broche de oro, recursos de MuniGuate ligados a negocios en centros carcelarios.

Estos eventos retratan dos momentos en el hilo del tiempo del ascenso de grupos paralelos que controlan el comercio fronterizo y aduanero, pecados originales que se repiten con escándalos como La línea 1, 2, 3 y muchas otras, en una simbiosis de élites de la economía con poderes criminales que se sirven de las instituciones públicas. Escándalos de enorme significancia económica al día de hoy, concesiones de frecuencias, mineras, puertos y de energía eléctrica, corresponsables de la conflictividad social en muchos departamentos del país, esclarecen que el patrimonio público ha sido una mina abierta para edificar los tesoros de la economía criminal.

Iguales conductas desviadas, se encuentran en el presupuesto de la nación: del lado de los ingresos, la actual exoneración (amnistía) recién otorgada por SAT expresa la tradición de perpetuar nuevos incentivos y privilegios, que alcanzan el 3 % del PIB. Además de reafirmar tratos preferenciales a industrias extractivas, existe una decena de iniciativas en el Congreso para ampliar privilegios a sectores económicos poderosos, incluyendo entre otros a los GANADEROS. La evasión y defraudación fiscal ponen una guinda a la economía criminal.

Del lado del gasto: las redes político-empresariales hicieron de la burocracia magisterial y de salud, sus instrumentos de masas, cooptándolos mediante pactos colectivos con una multiplicidad de asociaciones sindicales. Las compras de medicinas, los contratos en infraestructura, el recién develado bono del Ministerio de la Defensa y la formulación de un presupuesto 2018 sin candados, pone en escena el manejo político-clientelar del “listado geográfico de obras”.

En ese contexto, comparto con Savaina [1]: “Los negocios de la corrupción y del crimen organizado funcionan mejor en los sistemas democráticos, es decir: funcionan mejor en las oligarquías liberales con elementos democráticos.” Tal es la acumulación que no se capta en las cuentas oficiales.

Anticipando al lector crítico de que el concepto de economía criminal no es una invención propia, les pongo evidencias sobre cómo nos ven desde afuera:

  1. Para EEUU somos un país productor y tránsito de drogas que incumple con normas de convenciones internacionales. El país hace muy poco en controlar el lavado de dinero, y predominan asociaciones ilícitas en diversas áreas, como dan fe los protocolos de los notarios sobre transacciones de grandes propiedades, empresas offshore, casinos, loterías, bingos, hoteles y conciertos que sirven como vehículos de lavado de dinero.

  2. Para Transparencia Internacional, Guatemala ocupa el puesto 136 de 176 países, colocándonos en el 70 % de países con alto índice de corrupción menor a 50 puntos.
    Francia nos colocó varias veces en lista negra y gris (paraíso fiscal) por incumplimiento de estándares de transparencia e intercambio de información fiscal y financiera internacional.

  3. La Red de Justicia Fiscal reporta que el país es altamente opaco, al alcanzar el 77 % de secretismo financiero.

  4. Las calificadoras internacionales nos tienen en la mira. Con los últimos acontecimientos se evidencia la evasión, la elusión, el incentivo a exigir nuevos privilegios, el bloqueo al financiamiento del gasto público, la deslealtad al empresario honesto. A ello se suma la hostilidad contra Cicig con que tienden a calificar al país hacia la baja.

Factores de la economía criminal

Enumero cuatro factores explicativos de la economía criminal.

  1. Los déficits de la estructura económico-social (privación de recursos y derechos). El país ha tenido crecimiento económico con mayor exclusión y desigualdad social.

  2. El individualismo (conducta prolucro), en el que la actividad ilegal aumenta maximización de ganancias. La conducta criminal crece en relación directa al beneficio esperado y a la elección racional del homo economicus sobre cualquier signo de cooperación y equidad, que se marginan en el neoliberalismo.

  3. Los defectos de la relación política-empresarial (relaciones de poder del mercado instrumentan leyes en desmedro de la regulación económica, de la igualdad en dignidad y derechos y desprecio por la política social). Menos Estado exacerba los comportamientos indebidos de los actores económicos.

  4. La debilidad del sistema de justicia permitió la sociedad mecánica, sin castigar lo intolerable de empresarios y proclive a arrestar y condenar a individuos de clases bajas. Así se forjó un sistema disuasivo débil (policía, MP, control público y desprotección de bienes públicos), explicado a partir de ser otro elemento de las relaciones económicas y políticas criminales.

Dados estos factores, el concepto deviene inminente por cuanto la economía criminal es la economía ilegal, concentradora y excluyente, que se produce y reproduce en todas las fases del proceso económico, directamente vinculada al uso de mecanismos ilícitos gestionados por particulares, generalmente a través de la violencia, intimidación, extorsiones, fraude, cooptación del Estado [2]. En la economía criminal cobra relevancia el rol de la partidocracia para acondicionar a las instituciones en pro del usufructo del flujo de bienes, servicios y recursos del Estado en favor de las mafias criminales, donde la corrupción es uno de sus elementos.

Como lo predecía el sociólogo francés Émile Durkheim: “La relación crecimiento económico-conducta individual tiene dos tendencias: a mayor crecimiento más crimen, pero inversamente, si el crecimiento implica más control social se desincentiva la conducta desviada” [3]. El neoliberalismo desmontó la regulación y el control social, privilegiando la privatización y la mano invisible del mercado, por lo que el crecimiento económico fue un chorro para pocos, sin goteos, pero con arrastres enormes para incentivar comportamientos desviados.

No debe confundirse lo anterior con la economía informal; por el contrario, esta es aprovechada por la economía criminal. La economía informal es un sector que solo es ilegal en la medida que trata de reducir los costos de transacción, como la contabilidad o los impuestos, pero no es criminal. Amplía eso sí, el radio de acción de la economía criminal que la subsume. Cabe entonces sintetizar que la economía criminal es la ilegal criminalizada por el uso de mecanismos gestionados por particulares, individuos y redes que deben ser perseguidos por la política criminal.

El ciclo de la economía criminal

Como en todo circuito económico, la economía criminal se encuentra de manera transversal en la producción, la circulación, la distribución y el consumo de bienes y servicios, así:

En el área productiva, Guatemala tiene cultivos ilícitos a partir de la demanda proveniente de EUA y México, en plantaciones de marihuana en Petén y oriente del país, y la amapola en San Marcos. En el sector industrial, se han descubierto instalaciones y laboratorios, procesadoras, precursores y otros. También se encuentra en sectores como la construcción e inmobiliarias, minería, ganadería, madereros, extracción de recursos naturales en parques ecológicos y de la biosfera maya, incluidos los que trafican joyas y reliquias arqueológicas.

En el sector terciario la marca principal es el menudeo, un microtráfico de drogas y fuertes extorsiones, como asimismo en los servicios como los juegos de azar, casinos, máquinas traganíqueles, tarjetas prepago y hasta en el futbol, como lo evidenció el caso de los dirigentes deportivos.

Respecto a la circulación, famoso es el delito de lavado de dinero, más allá de la circulación de bienes, hay también un flujo de dinero, es decir, financiero. Este flujo es interno y externo, de fondos ilegalmente ganados y transferidos, incluyendo valores, efectivo, instrumentos monetarios y financieros, que provienen de la corrupción, la evasión fiscal y el fraude aduanero y de facturación del comercio internacional. Recuérdese el caso de los Panama papers con un buen número de empresarios guatemaltecos involucrados.

En economía internacional, la defraudación aduanera y el contrabando son procesos inherentes en la distribución a las “mercancías criminales”, negando la ley de competencia, de los precios de transferencia se enaltece la simplificación del comercio exterior, mediante facturación indebida y el uso de empresas de cartón. Exportadores ganan la devolución del crédito fiscal y los importadores se ahorran el pago de tarifas arancelarias, un monto que según ASIES podría alcanzar hasta Q 18 mil millones. El flujo ilícito es un nervio de acumulación de las economías “formales”.

En este proceso, el país no ha sido solo un espacio de tránsito, es también acopio y consumo que atraviesa a varios estratos sociales, incluidos los millonarios y sus hijos. La distribución y el consumo de drogas no solo es propio de los jóvenes delincuentes de las maras. Ellos son los peones del tablero, ya que las “mercancías” criminales, extorsiones y sicariatos por ejemplo, se realizan como eventos de una red que involucra a fuerzas policiales, fiscales, jueces y al sector empresarial, partidos políticos, empleados públicos y diputados del Congreso de la República. En la producción de riqueza ilícita, los mareros no son relevantes, solo hacen “el trabajo sucio”. Por eso la EXTORSIÓN es el segundo delito después del homicidio.

Al procesar los delitos más comunes de los políticos del país, puede concluirse que el financiamiento político-electoral es el factor clave del tipo de sociedad y Estado que tenemos, el clientelismo político ha sido la forma de intermediación entre el Estado y la economía informal de un lado, y entre el Estado y la economía criminal del otro. Por ello, el concepto clásico del partido político como intermediación entre la sociedad civil y el Estado se convierte en caricatura, una mercancía en que el partido es mediatizado por la economía criminal que involucra al mercado y al Estado corrupto, canalizando los recursos del Estado para efectos clientelares.

En la economía criminal, el servicio público es una mercancía política, el botín que encuentra expresiones en la corrupción, el nepotismo y el clientelismo, en cuya realización se hace uso generalmente de la intimidación y la violencia para protección del sistema. Muchas instituciones se convierten en fábricas de dichas mercancías, como por ejemplo, la SIT o el MEM y otras. La protección que dan los empresarios y sus abogados, incluyendo la manipulación mediática, es de suyo también una mercancía política.

En una próxima entrega analizaré con mayor profundidad los sectores de economía criminal, un cálculo aproximado de la misma y sus consecuencias en la tributación guatemalteca.

[1] Savaina, Roberto. CeroCeroCero. Cómo la cocaína gobierna al mundo. España: Anagrama, 2014.
[2] Silva de Souza, Rosinaldo. Redes del crimen organizado en Rio de Janeiro. Revista Mexicana de Sociología, vol.66, 2004.
[3] Durkheim, Émile. Las reglas del método sociológico. Barcelona, 1982.

Continuará.

Edgar Pape Yalibat

Doctor en temas fiscales. Economista y exmiembro del Consejo Consultivo de la SAT y expresidente del Colegio de Economistas.

Puertas abiertas

3 Commentarios

Mariela 20/11/2017

Muy importante el análisis estructural que hace, la médula es el orden mundial; y cómo éste en base a las relaciones de poder de las oligarquías se define un Estado como el que tenemos. Vamos a continuar leyendo sus análisis.

Fernando González Davison 21/10/2017

Excelente análisis

Ramiro 21/10/2017

Interesante artículo, quiero agregar que el país del norte nos juzga pero no dicen nada o hacen muy poco con los grandes capos que reciben y distribuyen la droga a lo interno de su país. Saludos cordiales Edgar

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