Detrás de ti

Ju Fagundes | Para no extinguirnos / SIN SOSTÉN

Hay momentos en los que nuestro cuerpo exige que tomemos la iniciativa, que busquemos con sensualidad y avidez su contacto. Da igual que sea al inicio o al final del día, cuando nos preparamos para ir a la cama o cuando, relajados, estamos por iniciar uno. No hay por qué esconder nuestra pasión, nuestro interés por disfrutar su cuerpo y completar juntos esa maravilla que se llama placer sexual.

Verlo de pie, de espaldas, es a veces la imagen necesaria para despertar nuestro deseo. Si está desnudo, mucho mejor, pero, si aún viste alguna ropa, aprovechar para retirársela con suavidad y delicadeza puede ser el momento para comenzar el proceso de aproximación de nuestros cuerpos en el que, al estar de espaldas, nos da todo el control del juego y el placer.

Respirar ansiosas en su cuello con certeza produce reacciones rápidas en su más expresiva y explícita zona erótica. Besarlo, mordisqueando los lóbulos de sus orejas nos hace descubrir su deseo en fracción de segundos. Es la vez de ser nosotras quien le provoca, quienes manejamos los ritmos y el tiempo del placer. Nuestra lengua, acariciando su cuello, es capaz de resucitar su adormecido falo y decirle, sin palabras, que es el momento de dedicarnos al placer del cuerpo, a encontrar las delicias escondidas en cada centímetro de nuestra piel.

Es solo decidir tomar la iniciativa y todo nuestro cuerpo también cambia de sintonía, pasando de ser una simple suma de músculos, huesos y órganos, a un entramado de pasión y deseo. Nos convertimos en sensualidad pura, haciendo que el roce de nuestro pecho con su espalda yerga con vitalidad nuestros pezones. Sentir sus nalgas aprisionadas por nuestro cuerpo nos puede humedecer intensamente, por lo que usar nuestras manos para acariciar su sexo, con suavidad, ternura, pero con intensidad, es casi un acto reflejo.

Es el juego más sensual y estimulante. Sentir su crecimiento entre nuestros dedos hace que nos apretemos mucho más en su espalda. Si es diestro y hábil, conseguirá atrapar nuestros glúteos y apretarlos más contra sí mismo. Nuestra mano hará milagros, le hará descubrir cuan erguido puede estar, así como la cantidad de placer que puede llegar a tener con solo sentir la presión de nuestros dedos. Esa sola caricia, el ir y venir de nuestra mano traviesa anudada a su sexo, nos inunda también del deseo enorme por poseerlo, pero podemos hacerlo crecer un poco más, desearnos más, como también insinuarle que con una de sus manos nos acaricie esa zona que, humedecida, clama por él. Que sus dedos, inhábiles por la posición, nos acaricien insinuando la final penetración.

Fotografía tomada de Poémame.

Nuestra humedad en sus dedos nos hará imaginar y prever los momentos siguientes. De piernas abiertas podremos apretarnos a él, dejando que su mano nos acaricie más activa y ampliamente, sin por ello dejar que nuestra dominante y ya para entonces experta mano, suelte a su crecida e incandescente presa.

Será cuestión de decisiones rápidas e inmediatas para soltarla y, obligándolo a mirarnos de frente, apropiarnos de ella en nuestro más que humedecido y dúctil sexo o, por el contrario, disfrutar su placer en nuestra mano, decididas a satisfacernos con sus dedos, a sentir el placer de otra manera, pero, al final de cuentas, el placer que deseamos y somos capaces de proporcionarnos.

Al final, el día y la noche que sigan a esta deliciosa entrega, serán mucho más agradables y felices que los que se suceden sin esa intensa iniciación.


Fotografía principal tomada de Twipu.

Ju Fagundes

Estudiante universitaria, con carreras sin concluir. Aprendiz permanente. Viajera curiosa. Dueña de mi vida y mi cuerpo. Amante del sol, la playa, el cine y la poesía.

Sin sostén

Correo: ju90pererecaquente@yahoo.com

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