Denunciar a través del arte

Jesse Reneau | Arte/cultura / EL CUARTO AMARILLO

Siempre hay más de algún espacio para amar, enojarse, llorar o maravillarnos. Para nuestra mala suerte, la vida está llena de emociones, y lo mejor de ello es que, la mayoría de veces, si no nos dejamos llevar por la impulsividad, podemos elegir vomitarlas de mil distintas formas hacia el mundo. Solo es cuestión de detenernos un segundo y pensar: ¿y ahora qué hago con esta rabia, con este corazón roto, esta alegría desastrosa? Desde un cuaderno en blanco hasta los 140 caracteres de un tuit, este paso de lo abstracto a lo físico siempre implica un proceso creativo. Es cuestión de nosotros si lo convertimos en algo apasionante, y si lo embellecemos para contagiar a otros. Eso podría ser arte, u otra de las mil definiciones que ya tiene la palabra.

Es aquí donde nacen los artistas, y con ellos las esculturas, pinturas, canciones, poemas y otras formas de expresión que pueden terminar hasta en una simple oración o un grandísimo mural en la vía pública. Lo hechizante de estos métodos también es que, además de permitirnos quitarnos un peso de encima por lo que sentimos, también permiten dar una opinión. Sea buena o mala, pero a fin de cuentas una opinión. Ya no hay que sorprendemos si vemos reflejada la realidad de un pueblo entero en una simple forma de arte: porque el artista, al igual que nosotros, sufre y despierta a media noche preguntándose a dónde vamos a parar todos.

En Guatemala, desde siempre hemos podido ver obras que reflejan nuestro contexto social, cosa que se ha multiplicado en la actualidad gracias al uso de las redes sociales o gracias a que tal vez ahora tenemos menos miedo, aunque me pregunto si algún día se nos va a quitar del todo. Si bien lo vimos con Ana María Rodas, Alaíde Foppa u Otto René Castillo en el siglo pasado, ahora lo vemos con Vania Vargas, Javier Payeras, Rebeca Lane, Tool Castellanos… o incluso con personas que viajan al pasado para mostrárnoslo a todo color (y dolor) en el presente, como Kenneth Müller. Podría seguir con los ejemplos; sobran guatemaltecos talentosos con ganas de curar al país, de opinar, de detener y denunciar la injusticia. Cada artista nos muestra su mundo interior, que es mío, tuyo, y también de los que ya estamos cansados pero aun guardamos la esperanza.

Ahí la clave: la esperanza.

Mientras haya esperanza, siempre habrá denuncia. Ya nadie está para conformarse o para creer que no se puede hacer nada. Siempre nos levantaremos las veces que sean necesarias para luchar. En el caso de los artistas, confío en que se tomarán una pastilla de responsabilidad social para intentar cambiar nuestro entorno. Lo decorarán con palabras crueles (con la verdad), voces quebrantadas, colores grises, blackouts, para acompañar nuestra rabia, nuestra indignación y siempre, siempre, nuestra esperanza. ¡Ay artistas, qué haríamos sin ustedes!

Sigan alzando la voz a través de lo que hacen.

Fotografía tomada de eldiario.es

Jesse Reneau

Estudiante de Ciencias de la Comunicación. Amante de la música, la playa y la literatura. Su gran sueño es llegar a ser periodista y tener una motocicleta negra.

El cuarto amarillo

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