Déjà vu futurista

Jesse Reneau | Arte/cultura / EL CUARTO AMARILLO

Nadie sabe cómo, pero de un día a otro los automóviles empezaron a tener familias, sueños, y poco a poco, empezaron a amar. Sí, justo como nosotros. Se les dio por comerse las calles, los semáforos y las bicicletas, siempre y cuando no estuvieran a dieta. Usaban llantas de primera mano en las reuniones importantes y tomaban el té con piquete: una cucharadita de gasolina (no tanto porque está cara) y dos de miel.

Entusiasmados, compraron casas y tenían mascotas en el jardín. Madrugaban y se acostaban tarde por seguir viendo Netflix. Por la mañana, manejaban a la universidad, al trabajo y a la playa, solo para ver el atardecer. Por la noche miraban las estrellas. De vez en cuando se iban en los hoyos de las carreteras y, apenados, se arreglaban el sombrero y seguían su camino como si nada.

Los jueves jugaban al billar, los viernes al car wash, los sábados en familia y los domingos a misa, en donde un Audi les leía el Reglamento de Tránsito. En sus parqueos sonreían, orgullosos de ser excelentes ciudadanos, pero media vez salían del lugar seguían echando humo y aceite por doquier, pasándose los altos y corriendo a la máxima velocidad.

Poco a poco empezaron a volar, porque ya no cabían en las calles. Entonces también tornaron el cielo gris. Después se fueron al mar, que gris ya estaba, y se tornó negro. Todo era oscuro en el mundo de los automóviles, menos ellos mismos: habían de casi todos los colores, incluso de los chillantes, abundaban los rojos, los rosa eran escasos y por ello todo el mundo moría por salir con un auto de ese color.

Se multiplicaron hasta que ya no quedaba más espacio, hasta que ya no pudieron moverse, hasta que ya no podían respirar. Los choques ocurrían a diario y el tránsito cada vez era más insoportable. Los carros de repente ya no querían salir, y nosotros, los humanos, poco a poco nos fuimos hundiendo en el asiento del piloto.


Fotografía principal tomada de WeHeartIt.

Jesse Reneau

Estudiante de Ciencias de la Comunicación. Amante de la música, la playa y la literatura. Su gran sueño es llegar a ser periodista y tener una motocicleta negra.

El cuarto amarillo

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