Cordolium

Aly Monfer | gAZeta joven / NECRONOMICÓN

Love is a drug, but it never comes with a warning
And when the comedown comes, you know you’re going to be in mourning
A push-and-pull courtship, yeah, it betrayed us
And now I need something else to fill the space up.
Beautiful Way – You Me At Six

No puedo verlo, pero lo siento. No puedo tocarlo, pero está allí. Paciente como es, tiene la manía de aferrarse a mí como garrapata, por cuanto tiempo sea necesario. Espera a que mi mente me traicione. No solo lo espera, lo desea. Se muere por un ápice de atención y, débil como soy, no puedo decir que no. No puedo negarle nada, por más que trate. Me manipula a su antojo y me revierte a un vórtice de ansia y desesperación.

Me ama, y yo lo odio a él. Adora entrometerse en el mejor de los momentos, recordándome de mi fragilidad y de mis carencias. No le importa si estoy riendo, no respeta cuando estoy comiendo y mucho menos cuando me encuentro en la pista de baile. No le causa ningún remordimiento estar presente en todos mis sueños, como ángel de la guarda en crisis de rebeldía. Me molesta con escenarios ficticios de posibilidades fuera de mi alcance, y me oxida el corazón de lágrimas saladas.

Su forma de llamar la atención es quemando un hoyo en mi estómago cuando siquiera me atrevo a pensarlo. Como visita indeseada, no avisa cuando viene ni tiene fecha de salida. Mi cabeza tenía una vacante que vio propio ocupar. Lo nombro como el peor de los inquilinos, porque el sinvergüenza no paga la renta. Se cree dueño de lo que ve y lo que toca, del espacio que ocupa y del que aún le falta por ocupar. Detrás de sí deja una estela de destrucción, como voraz huracán. Y no se molesta en limpiar lo que ensucia.

El peor de los monstruos ha tomado residencia en mi espacio vital, y por más que trate no puedo sacarlo de aquí. Se ríe de mis intentos y se mofa de mis actividades. Los consejos más resonados se basan en la premisa que, para sacar al monstruo, tienes que poseer cierto nivel de autocontrol. Yo lo que quiero poseer, en cambio, es un nuevo cerebro. Y si de paso hoy se me cumplen dos milagros en uno, un nuevo corazón. Este lleva un largo tiempo siendo pisoteado por el monstruo que no entiende de puertas cerradas. Y ya estoy cansada.

Estoy cansada, por sobre todas las cosas, de seguir escuchando que el tiempo lo cura todo. Que con el tiempo el monstruo deja de aparecerse hasta en las esquinas más recónditas de mi cabeza; que lo que necesito es distraerme. Lo que más necesito es paciencia, es medicina, es cortar el hilo. Lo que necesito es dejar de ayudar a todo el que lo pida, como proyecto de caridad, en lugar de ayudarme a mí misma primero. Por mucho tiempo, la palabra «egoísmo» ha llevado una connotación sumamente negativa. Sin embargo, no es egoísta ponerse a uno mismo primero. ¿Y no es, además, un precepto bíblico el «ayúdate que te ayudaré»?

¿Y qué hay del monstruo? Nadie responsabiliza al monstruo, porque quien lo deja entrar es la misma persona que después sufre de sus devastadoras consecuencias. Pero lo que resta por hacer es pelear. Es luchar por no alimentar algo que más tarde te va a carcomer a ti. Ese monstruo es mañoso, y si en dado caso se le extiende la mano, se come el cuerpo completo.

He desenvainado la espada, como muchas otras veces. La he afilado contra la misma piedra y he admirado los destellos que emana a contraluz. Me he puesto la armadura, más acorazada que la última vez. Me he puesto el mismo casco, algo abollado pero resistente. Las suelas de mis botas están algo desgastadas, pero calculo que llegarán a aguantar al menos cincuenta años más.

Estoy lista para ir a la guerra una vez más. Un poco más vieja y un poco más sabia, pero siempre teniendo en mente que, si yo no lucho, nadie más lo va a hacer por mí. Que es una guerra de a uno contra un millón, y que he sobrevivido el cien por cien de todas las que peleé anteriormente. Esta no es distinta. El monstruo me ha ganado las batallas con ansiedad, tristeza y frustración. Esa es su forma de aparecerse en mi vida. Pero yo gano la guerra.

Ya lo he hecho varias veces, y lo voy a volver a hacer.

This too, shall pass.


Aly Monfer

Licenciada en Relaciones Internacionales con especialización en Comercio Exterior. Amante de la logística naval, el café, los libros de historia, Stephen King y H. P. Lovecraft. Cinco minutos temprano para todo.

Necronomicón

Correo: alessiamonfer@gmail.com

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