Cómo acabar con la escritura de las mujeres

Trudy Mercadal | Política y sociedad / TRES PIES AL GATO

En 1983, Joanna Russ, feminista, autora de ciencia ficción y crítica literaria norteamericana, escribió el libro How to Suppress Women’s Writing, traducido al español como Cómo acabar con la escritura de las mujeres. Este libro, escrito en un estilo irreverente, como una especie de parodia de guía editorial, describe las múltiples formas en las cuales las mujeres han sido históricamente proscritas de la producción de libros.

El libro, muy bien recibido por la crítica, fue, en su momento, un parteaguas de la literatura feminista y hoy día es incorporado a los marcos teóricos de muchas disciplinas. Sin embargo, está escrito de tal forma que lo puedan comprender sin problema personas fuera del campo académico. El interés de Russ era que cualquier lectora o lector obtuviera las herramientas para comprender los patrones de supresión de la escritura de las mujeres.

Algunas de las maneras en las que las mujeres han sido marginadas de la literatura han incluido no darles crédito o reconocimiento por su trabajo o que estos sean descalificados o «ninguneados» cuando se les reconoce. El enfoque de Joanna Russ se basó en textos anglosajones, pero incluyó trabajos de otras culturas y medios, tal como las artes visuales. Su trabajo sigue siendo relevante. Por ejemplo, solo hay que ver el reciente ejemplo que ha salido a luz, tras más de medio siglo de silencio, que la crítica cultural y filósofa Susan Sontag fue en gran parte la autora del libro más famoso de su entonces esposo, Philip Rieff: Freud: la mente de un moralista (1959).

Por supuesto, Russ fue acusada de politizar su trabajo, a lo que ella respondía que dejaría de hacerlo cuando los autores hombres también mantuvieran su ideología política fuera de sus trabajos. De hecho, la posición «neutral» que estos aducían tener, es una posición política, que ha normalizado la ideología patriarcal. Esta posiciona a la mujer en un rol secundario y subordinado, como «la norma». Russ simplemente iluminaba las formas en que esa ideología normalizada funciona en ámbitos literarios y artísticos, lo cual causó que la etiquetaran como una «radical».

Russ también aducía que no todas las opiniones tienen el mismo peso o valor. Aunque sean opiniones subjetivas, no es lo mismo opinar informadamente, tras estudiar el tema y comparar muchos casos similares, que opinar arbitrariamente o repitiendo discursos heredados y promulgados. Por ende, según decía, aunque todo mundo tiene derecho a opinar, algunas opiniones lógicamente valdrán más que otras. En otras palabras, la persona que opina sin mayor trasfondo o experiencia, no debe pretender que su opinión tenga el mismo peso que el de aquella persona que no solo ha vivido en carne propia las experiencias, sino que ha investigado y comparado extensamente dentro del campo estudiado.

Cómo acabar con la escritura de las mujeres enumera 11 estrategias comunes para invisibilizar, ignorar, omitir, condenar o ningunear el trabajo de las autoras. Vea usted si reconoce alguna de las siguientes:

  1. La prohibición. A las mujeres se les veda el acceso a los recursos básicos para escribir.

  2. Mala fe. Crear –sea consciente o inconscientemente– un sistema social que ignora, relega o devalúa la escritura femenina.

  3. Negación. Negar o cuestionar que una mujer lo haya producido.

  4. Contaminar y etiquetar. «Demostrar» que la obra de arte o literatura no es legítima, no es arte, es inmodesta o indecente, es sobre un tema que no debiera de tratarse por ser vergonzoso o controversial. En el ámbito editorial, por ejemplo, existen etiquetas que se adjudican a los géneros de literatura típicamente producidos por mujeres, con el fin de trivializarlas (por ejemplo, «esto no es literatura de verdad»).

  5. El doble estándar. Argumentar que unas experiencias o vivencias son más valiosas que otras. Esto existe en combinación con el postulado anterior. En estos casos, se devalúa la experiencia de la mujer.

  6. Categorizar falsamente. Por ejemplo, categorizar a las mujeres artistas como la esposa, madre, hija, hermana, musa/modelo o amante de los artistas hombres.

  7. Crear y promover el mito del logro aislado o único, por ejemplo, decir que solo una parte de la obra completa de la artista o escritora es valiosa.

  8. La anomalía. Decir que la artista o autora es una excepción, es excéntrica o es atípica. No representa a las demás mujeres.

  9. Falta de modelos. Perpetuar la preponderancia de autores masculinos en los cánones literarios, lo cual reduce los modelos a seguir para las escritoras.

  10. Las mujeres se sienten coaccionadas a negar su identidad femenina si quieren ser tomadas en serio.

  11. Estética. Socializar y hacer populares las obras cuya estética contenga roles, caracterizaciones y representaciones denigrantes o imposibles para las mujeres.

Es importante notar que varias de estas premisas se pueden aplicar a la obra de otros grupos marginados.

Joanna Russ murió en el 2011, habiéndose granjeado el inmenso respeto de un público variopinto por su incesante y honesto trabajo crítico y teórico. Aunque su libro se publicó hace casi 40 años, sus argumentos siguen siendo válidos hoy día –lo cual obviamente no es bueno, pues indica que poco ha cambiado–. Hay progreso y se ha adelantado en el camino, pero aún falta mucho que recorrer; leer obras como las de Joanna Russ, nos da las herramientas necesarias para iluminar el camino.


Fotografía principal, Joanna Russ, tomada de Yunchtime.

Trudy Mercadal

Investigadora, traductora, escritora y catedrática. Padezco de una curiosidad insaciable. Tras una larga trayectoria de estudios y enseñanza en el extranjero, hice nido en Guatemala. Me gusta la solitud y mi vocación real es leer, los quesos y mi huerta urbana.

Tres pies al gato

Correo: info@trudymercadal.com

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