Apuntes para una cartografía de lugares filmados en Guatemala (1935-1996) (II)

Edgar Barillas | Arte/cultura / RE-CONTRACAMPO

El cine era aún en blanco y negro…

… cuando Guatemala comenzó a aparecer en las pantallas. Lo hace de una manera inesperada. Ya los guatemaltecos habían conocido la geografía de su país a través de los noticieros fílmicos de la Tipografía Nacional que seguían la pista de los gobernantes en sus giras departamentales. Digamos que ya se habían trazado los rasgos de la imagen del territorio y lo habían hecho viendo ese cine gratuito que utilizaba una pared de iglesia o almacén para recibir el haz luminoso del proyector estatal, aún en los poblados más alejados. Al menos en las ciudades, también las historias de Tarzán, el hombre mono que creara Edgar Rice Burroughs, eran conocidas si no por la literatura y los cómics («chistes», como se decía antes en Guatemala), sí por las películas que se proyectaban en los cines. Por ello se sabía que Tarzán vivía en el África tropical, en una selva llena de vida silvestre y de «nativos salvajes» que a veces eran ingenuos y a veces muy feroces, así como de unos entrometidos maleantes que alteraban la tranquila vida del pillaje colonial disfrazado de epopeya civilizadora. Entre liana y liana, entre aullido y aullido, Tarzán era el rey de la selva. Por ello, cuando una compañía apareció en el puerto de San José, en la costa sur de Guatemala, en aquel año de 1935 para filmar Las nuevas aventuras de Tarzán (que dirigiría Edward A. Kull y protagonizaría Bruce Bennett –o sea Herman Brix, el atleta campeón de los juegos olímpicos– [1]), lo más lógico del mundo era pensar que Guatemala, con sus selvas y bejucos en el norte, iba a servir de paisaje sustituto de la llamada África Negra. Pero no.

Según la película, el francés D’Arnot, quien sacara a Tarzán de la custodia de los monos y le restituyera en Inglaterra con el título nobiliario de lord Greystoke, había caído accidentalmente con su avioneta en selvas guatemaltecas y hecho prisionero por una tribu de adoradores de la Diosa Verde. Este era un ídolo relleno de joyas y con la fórmula de un explosivo capaz de destruir la humanidad entera. Amigos: hay trabajo para Tarzán, aunque pudiera ser cualquiera otro superhéroe. Al enterarse de la noticia, el hombre mono deja sus rasgos primitivos y se viste de traje para ir en barco a Guatemala al rescate del amigo. Se une a una expedición que busca la Diosa Verde… y a unos bandidos que también quieren las joyas y la fórmula (lo dicho: hay trabajo para el rey de la selva).

El barco llega a Puerto Barrios y los expedicionarios se dirigen a Chichicastenango. Por fin están en Guatemala, «cuna de la Antigua Civilización Maya», según dice la película. De Chichicastenango, su plaza central, su iglesia de Santo Tomás y su arco de Gucumatz, se dirigen al Río Dulce, para penetrar en la densa selva y encontrarse con los adoradores de la Diosa Verde… en Antigua Guatemala. A todo esto, Tarzán ya se olvidó de los atuendos propios de su noble linaje y se atavió con su taparrabos y repartió buenas dosis de aullidos y puñetazos. Tras el robo del ídolo, se dirigen nuevamente a la costa atlántica, pasando por Quiriguá, con plática incluida sobre la importancia de las estelas. Termina el recorrido por el país en un poblado de la costa atlántica, de nombre At Mantique (que quizás sea Amatique), que cuenta con buen hotel, con marimba y suntuosas instalaciones… que no es otro que el Hotel Palace, en la Ciudad de Guatemala. La expedición parte hacia Europa y, luego, Tarzán regresa a su vida selvática en África.

Como las películas de Tarzán son objetos de culto, el editor de una revista dedicada a la obra de Rice Burroughs, D. Peter Ogden, relata el viaje que realizó a Guatemala en 1992, a fin de visitar los lugares en los que se rodaron Las nuevas aventuras de Tarzán (Ogden, 1992: 148). Ogden se manifiesta sorprendido por las dificultades que tuvieron que enfrentar los productores e intérpretes para movilizarse por las carreteras del país, dado que, si era tortuoso hacerlo en 1992, cómo sería en 1935. Desembarcar en San José, al sur, un camión con cuatro toneladas de equipos fílmico y de sonido, para luego ir al occidente, después a la costa del este (Puerto Barrios, Livingston, Río Dulce), de ahí a las selvas peteneras en el norte, para regresar a Quiriguá y otra vez al sur, da una idea del área cubierta, dice el articulista. Si esto lo hubiera hecho una de las principales compañías cinematográficas y en esas «primitivas» condiciones –dice un quejoso Ogden–, hubiese recibido las aclamaciones de la crítica y numerosas menciones en las historias del cine, pero como fue una producción independiente y una película en episodios semanales, su trabajo no fue noticia [2]. El recorrido de Tarzán y su comitiva nos ha llevado por primera vez en un largometraje de ficción por la geografía guatemalteca. Nuestra cartografía de lugares filmados ha comenzado a poblarse.

Peter Ogden buscando en las ruinas de San Francisco, Antigua Guatemala, las locaciones de Las nuevas aventuras de Tarzán. Fotografía tomada de Movie locations plus.

Continuará.
[1] La película original está compuesta por doce capítulos, que serían exhibidos semanalmente. Más tarde se realizaron dos películas que no tienen todo el contenido de la cinta de episodios. De tal forma que para ver los lugares filmados en Guatemala y que llegaron a la pantalla, es necesario recurrir a la versión original y no a las síntesis posteriores
[2] The search for Opar», en Jerry L. Schneider Edgar Rice Burroughs and the silver screen, vol. I, California, EUA: ERBville Press, 2005.

Encuentre aquí la siguiente entrega de esta cartografía.

Edgar Barillas

Guatemalteco, historiador del cine en Guatemala, investigador de la Universidad de San Carlos de Guatemala.

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