Antonio Ciani

Ruth del Valle Cóbar | Política y sociedad / HILANDO Y TEJIENDO: MEMORIA Y DERECHOS HUMANOS

Antonio Estuardo Ciani García era un joven silencioso, estudiante de Derecho, proveniente de un hogar muy humilde, donde su madre había hecho muchos esfuerzos para que él llegara a la Universidad.

Se había integrado al grupo estudiantil Bloque Estudiantil Organizado (BEO) de Derecho, que era miembro de la Alianza de Grupos Democráticos y Progresistas FRENTE, a través del cual llegó a ser secretario de Organización de la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU), en el secretariado de Oliverio Castañeda de León.

Conocí a Ciani cuando, siendo yo dirigente estudiantil de secundaria, íbamos a pedirles apoyo a los estudiantes universitarios para lograr realizar las acciones de propaganda que nos planteábamos: tinta para el mimeógrafo, papel para imprimir los comunicados, esténciles para «picar» los comunicados y «mosquitos», pintura para hacer las mantas… en fin. Las asociaciones estudiantiles universitarias y los sindicatos eran la fuente que nos permitía a los estudiantes de educación media tener los insumos para nuestra propaganda cuando salíamos a las calles, porque no teníamos presupuesto propio. Nuestro trabajo era voluntario y cualquier cosa la teníamos que financiar de nuestro peculio; siendo estudiantes de institutos públicos, obviamente no nadábamos en dinero.

Luego me correspondió trabajar con Tono en el apoyo a las familias de las personas detenidas-desaparecidas, porque él era el asesor jurídico que había delegado la AEU para apoyarles.

Era una persona afable y muy afectuosa; siendo nosotras más jóvenes, se preocupaba por nuestra seguridad, que no anduviéramos muy tarde ni solas por las calles. Tampoco era muy mayor, apenas tenía 24 años.

Cuando Oliverio fue asesinado el 20 de octubre, le correspondió a Tono Ciani asumir la conducción de la AEU, llevando a cabo, como primera tarea, la asamblea general de estudiantes que decidió nombrar a la AEU «Oliverio Castañeda de León», así como declarar al líder asesinado «mártir universitario y del pueblo guatemalteco». Esa misma asamblea decidió que Oliverio continuaría siendo el secretario general de la AEU hasta el 22 de mayo de 1979, cuando debía entregar el cargo.

Me gradué de maestra de educación primaria urbana el 3 de noviembre de 1978, en el Instituto Normal para Señoritas «Belén», y mientras esperaba que iniciara nuestro acto de graduación, recibí las felicitaciones de nuestro amigo Tono Ciani, quien, sabiendo que ese día nos graduábamos, pasó a saludarnos. No puedo olvidar ese día, cuando mi promoción decidió también dedicarle el acto a Oliverio.

La noche del 6 de noviembre, apenas 17 días después del asesinato de Oliverio y 10 días antes de su cumpleaños 24, Ciani fue detenido por «personas armadas vestidas de particular» cerca de su casa en la ciudad de Guatemala; algunos testigos decían que eran varios carros con placas oficiales, es decir que fue un operativo bien organizado para no fallar.

Después de la desaparición de Tono, varios dirigentes de la AEU tuvieron que salir al exilio para continuar viviendo, pues comenzaron a recibir amenazas y a ser perseguidos; estaba claro que los militares asesinos no iban a parar hasta exterminar al último de los integrantes del secretariado de la AEU.

Nunca más se tuvo noticias de su paradero. Su madre nunca se resignó a no volverlo a ver. No sé si ella y su hermana aún estarán vivas. Recuerdo que cuando estuve en la AEU en 1979-1980, doña Ana Julia García de León (su madre) nos buscaba, nos preguntaba por él, creía que nosotros teníamos alguna información, estaba segura de que podíamos hacerle llegar mensajes, porque tal vez se había ido a la guerrilla, decía ella. Nos pedía que le lleváramos unos centavos, para que no pasara hambre y penas, aunque su familia no tenía recursos de sobra.

La vida de Ciani y Oliverio estuvo unida a la de muchas otras personas que lucharon por una sociedad justa y humana, donde se pudiera vivir en paz y libertad. Su martirologio y su entrega abrieron el camino para que hoy podamos seguir elevando nuestras voces y seguir luchando.

Su nombre no es tan mencionado entre los héroes y mártires universitarios y guatemaltecos, tal vez sin ninguna intención de invisibilizarlo, pero es necesario que lo mencionemos, que lo recordemos, que hablemos de su vida, su familia, su lucha, sus sueños y sus esperanzas; porque también eran (y siguen siendo) las nuestras.


Fotografía por Mauro Calanchina.

Ruth del Valle Cóbar

Feminista, defensora de derechos humanos, investigadora social, constructora de mundos nuevos. Ha pasado por las aulas universitarias en Ciencia Política, Administración Pública, Psicología Social, Ciencias Sociales. Transitado del activismo social al político, incluyendo movimientos sociales, organizaciones sociales, entidades gubernamentales y del estado.

Hilando y tejiendo: memoria y derechos humanos

Un Commentario

Gustavo Diéguez 08/10/2018

Querida Ruth, gracias por la semblanza de Antonio Ciani, no lo conocí personalmente aunque sí supe de las circunstancias de su desaparición, es hasta ahora -en tu escrito- que creo conocerlo.

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