La obligación del Estado en educación es el derecho de la niñez y adolescencia (III): a propósito de la refacción escolar.

-Edgar Florencio Montúfar Noriega / IDEAS AL AGUA

En las dos columnas anteriores comenté cómo el derecho a la educación debe ser entendido como el cumplimiento del derecho constitucional a tener las condiciones para concluir tercero básico a los 15 o 16 años de edad.

Siguiendo a la cohorte de personas que nacieron en Guatemala en el 2000, se encontró que el sistema educativo pierde en el trayecto de primero primaria a tercero básico a uno de cada cuatro estudiantes que se inscribieron con 7 años. Unos porque perdieron algún grado, otros porque abandonaron la escuela, pero el principal indicador de fracaso es la inasistencia y la causa con mayor frecuencia es la carencia de recursos.

Si bien señalé que la forma para garantizar una mayor asistencia, o una menor inasistencia, es la de dar incentivos para que los niños y niñas también logren asistir los 180 días, es necesario comentar que el mejor incentivo para que un infante llegue a la escuela es que esta sea un espacio agradable y que lo disfrute. Desafortunadamente la escuela (o colegio) no es un espacio con esas características. Basta con preguntarles a los menores de edad si disfrutan ir a la escuela o ¿dónde les gusta estar?

Si logramos que la escuela sea un lugar agradable para los niños y niñas, se tendrá un incentivo valioso ya que buscarán ir a la escuela. En el caso de la refacción escolar como estrategia para motivar la asistencia a la escuela, esta funcionará muy bien con aquellos que tienen hambre. La refacción escolar no será suficiente para aliviar el hambre o superar la desnutrición, pero es buen incentivo para que asistan aquellos infantes con necesidades de alimentación.

Una crítica a la refacción escolar como estrategia para aumentar la asistencia es que denigra a la persona, es como llamar a un perro con la promesa de un hueso. Es conductismo puro, y por lo que pregonan los educadores en Guatemala, la escuela debe ser constructivista. Pero principalmente la alimentación es un derecho, el cual no debe vivirse únicamente en la escuela, se debe vivir desde el vientre materno.

Es necesario que una política que busca asegurar la alimentación no se limite a la escuela, espacio frecuente pero no permanente (solo se visita 180 días de los 360 que tiene el año, es decir que solo se tendrá acceso a la alimentación la mitad de los días del año). Lo más aconsejable es tener como centro a la familia y garantizar la alimentación desde el vientre materno, ya que permitirá que cada una de las personas pueda desarrollar toda su potencialidad. Si una persona sufre de desnutrición durante los primeros 5 años habrá perdido la posibilidad de desarrollar al máximo sus potencialidades biológicas. Tendrá un desarrollo físico y mental mermado. A pesar de los esfuerzos que se realicen en la escuela, el aprendizaje estará limitado por una condición previa. En ese sentido la refacción escolar está llegando tarde. Pero sí es una etapa, luego de programas que aseguran la alimentación durante los primeros años de vida.

En síntesis, una política de seguridad alimentaria puede contener un programa de refacción escolar, pero la política no debe reducirse únicamente a una refacción. Garantizar la alimentación implica revisar los recursos naturales existentes, la producción de alimentos y su planificación, así como el traslado y consumo final de los productos. Y en el consumo, garantizar que los productos sean consumidos por las personas que los necesitan.

Hay que dejar el deber ser de una política de alimentación y retomar la situación concreta de la refacción escolar. Dar a los estudiantes una refacción hará que un grupo de los niños lleguen a la escuela por la comida, no por aprender. Pero generar un incentivo de esta naturaleza debe contemplar algunos aspectos: el primero es que se llenarán más las aulas, especialmente la de los grados más bajos, por lo que será necesario garantizar más aulas y maestros en los primeros grados. Segundo, requerirá tiempo de profesores y directores para atender esta nueva responsabilidad, que se suma a las muchas más que se le han dado a la escuela. Tercero, será necesario que la refacción llegue desde enero y no para los meses de abril o junio, como los útiles escolares, para esas fechas los estudiantes con hambre ya se habrán ido y se estará alimentando a quienes tienen menor necesidad.

También existe la crítica al monto y la forma de aplicarlo. Se está proponiendo que se asignen Q 4.00 diarios por beneficiario, es decir “los alumnos que se encuentren inscritos en el ciclo escolar correspondiente».

Este monto es muy bajo, y lo pueden confirmar con cualquier madre o padre de familia que tiene a sus hijos estudiando. Pregúnteles qué les dan a sus hijos de refacción. Les dirán un juguito o fresco, un pan con algo, las galletas, agua pura, fruta y luego pregunte cuánto cuesta esa comida. Verá que los 4 quetzales son insuficientes. Alguno lectores pensaran “pero si es para los pelados, para ellos esos cuatro quetzales son más que suficiente, igual van a comprar las cosas que ellos mismos producen, eso es barato.” Esta idea contiene elementos egoístas. Por ejemplo considerar que el pobre tiene derecho a una alimentación pobre, como también a una educación pobre. Además ,que la producción de los pobres debe ser barata, porque son pobres que den gracias que les están comprando algo, igual es para sus hijos.

Pero el monto es muy alto para impulsarlo como política universal. Si son Q 4.00 al día por estudiante y un estudiante debe asistir 180 días al año, representaría Q 720.00 al año. En 2016 se inscribieron 2 323 954 niños y niñas en primaria, lo cual hubiera implicado 1 673 millones de quetzales. Si bien algunos de estos estudiantes se encuentran en establecimientos privados, un 20 %, por qué dejarlos fuera si algunos de estos atienden a niños y niñas de escasos recursos.

Finalmente, una política de esta naturaleza debería de tomar en cuenta los programas de refacción escolar que ya existen Guatemala y tienen experiencias valiosas para el proceso. Espero que el Mineduc, designado como rector, aproveche ese recurso para el desarrollo de sus acciones.

Edgar Florencio Montúfar Noriega

Hijo, padre, esposo, hermano, sociólogo y pecador creyente que vuelve a pecar

Ideas al agua

Un Commentario

Francisco Cabrera Romero 31/10/2017

Muy bien Edgar. Me gustaron los tres artículos. Varios elementos que mencionas son para el debate. En particular considero que la alimentación escolar es clave, aunque concuerdo con tu criterio que es insuficiente si se piensa desde el derecho a la alimentación.

Creo que otro elemento a poner sobre la mesa es la capacidad real del Ministerio de Educación para, además de entregar educación (lo cual hace con suma dificultad), también tenga que entregar alimentación. Considero que esa tarea corresponde a otras dependencias públicas que puedan asegurarla, de manera que Educación se dedique a lo suyo: la educación.

Pero, en tanto algo así puede suceder, hay que asegurar que esos Q 3.00 y luego Q 4.00, lleguen bien hasta las y los niños. Si eso se logra será una mínima compensación que el Estado haga a quienes han estado casi abandonados.

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